Cuando a Jerusalén no la sedujo Kabúl

Mi amigo

Hace 21 años, por estas fechas, estaba llegando a Tel-Aviv.

Los atentados terroristas en Nueva York estaban cambiando muchos de los parámetros de la seguridad en el mundo, e Israel era un lugar desde donde se podrían apreciar los primeros trazos de lo que podría ser el futuro.

Para ese momento, y se notaba en el propio aeropuerto Ben Gurión, la gente estaba dejando de viajar si no era indispensable, sobre todo porque era impredecible el itinerario de los vuelos e inclusive el cruce de fronteras.

El diario en el que trabajaba, La Crónica de Hoy, me había enviado para cubrir lo que probablemente sería la extensión de un conflicto que estallaría a 3 mil 168 kilómetros de Jerusalén, que son los que la separan de Kabúl.

Como se sabe, en esos casos, las distancias son inciertas, porque lo que está en juego es una mezcla de intereses y de pasiones, muchas de ellas de carácter religioso.

Nadie sabía lo que podría ocurrir en los días que siguieron al derrumbe de las Torres Gemelas en Nueva York, pero era probable una parte del relato ocurriera en Jerusalén y sus alrededores.

La tensión en Jerusalén se respiraba, era como una cuchillada de aire helado en todo momento.

Las incursiones del ejército israelí eran constantes sobre Ramalá.

Uno de factores de más alto riesgo, era tratar desactivar a los grupos más radicales.

A Jerusalén no lo sedujo Kabúl

Tierra Santa, después de todo, al ser un lugar de confluencia de las tres religiones más influyentes en el mundo, era un centro potencial de tensión por la dinámica que se desató después del mayor ataque en territorio de los Estados Unidos.

Foto de Haley Black en Pexels.com

Entre los acontecimientos de aquellos días, y en particular la búsqueda de Osama bin Laden en Afganistán, se suele pasar de lado lo que me sigue pareciendo un prodigio y una muestra de que la diplomacia, si se ejerce desde la perspectiva adecuada, puede resolver problemas, pero sobre todo, evitar desgracias mucho mayores.

Los gobiernos de Estados Unidos, Israel y la Autoridad Palestina, trabajaron fuerte en aquellos días de septiembre, para evitar una mala lectura de lo acontecido y para impedir que el conflicto bélico que se desataría en Afganistán tuviera una réplica en la región.

Los encuentros en el hotel King David fueron intensivos y se logró caminar en una perspectiva de mantenimiento de acuerdos que significaban garantizar la tranquilidad y hacer que los conflictos, muchos de ellos arraigados en la conformación de sus propios países, no se salieran de cauce. Nada sencillo, pero lo lograron.

Sí, ante la hecatombe que se desató, pareciera menor que Israel no fuera una noticia principal, pero al paso de lo años queda claro que eso fue justamente una de las más optimistas informaciones que tuvimos en esos momentos por demás sombríos.


Publicado en Forbes México. 

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