La Ciudad de México (CDMX) no es solo una capital: es un termómetro político del país.
Quien la gobierna no solo administra servicios, también sostiene un equilibrio ideológico.
Y hoy, la jefa de Gobierno de la CDMX, Clara Brugada, carga con un reto mayor al esperado: varios frentes abiertos amenazan con fracturar el proyecto de izquierda… desde adentro.
El paro en el Poder Judicial capitalino, sin acuerdos para su levantamiento, no es solo una crisis laboral; es un símbolo y no es menor cuando se ha debilitado a su presidente Rafael Guerra tras la elección judicial donde ganaron los jueces de Brugada, alcaldes y diputados.
¿Cómo se garantiza justicia en una ciudad donde los juzgados están cerrados y los trabajadores acampan en protesta mientras el Tribunal Superior de Justicia CDMX colapsa?Como escribió Norberto Bobbio en El futuro de la democracia: “En el Estado de derecho, las leyes no deben ser simplemente proclamadas, sino que deben ser aplicadas y cumplidas.”
Es decir, si la la ley no se cumple en la CDMX, el Estado se ausenta.
Mientras tanto, en San Francisco Tlaltenco, vecinos se organizan contra la Utopía de Tláhuac. Además hay rechazo en Cuajimalpa, Álvaro Obregón y Xochimilco.
La resistencia social no nace del conservadurismo, sino de la exclusión en la toma de decisiones.
La misma lógica se repite con los galleros, quienes se manifiestan con fuerza ante la prohibición de peleas que, dicen, ignora su cultura y su sustento.
Y como si la tensión no fuera suficiente, el Incifo enfrenta denuncias por trato indigno a cuerpos no identificados. ¿Qué dice de una ciudad que no puede garantizar ni la dignidad a sus muertos?
La escena se completa con el caos del Metro —cuya operación está en manos de Adrián Rubalcava, quien es rechazado por Brugada—, el alza en la inseguridad y los encharcamientos que inundan avenidas sin control.
En esta ciudad que presume de derechos, ¿quién responde cuando fallan todos los sistemas?
El problema no es solo técnico. Es de liderazgo.
Brugada gobierna sin oposición visible, pero con una fractura creciente en Morena.
La falta de legitimidad interna mina su fuerza real. Montesquieu escribió en El espíritu de las leyes: “Para que no se pueda abusar del poder, es preciso que el poder frene al poder”.
El nuevo poder se está formando en la ciudadanía y dentro de los adversarios de Brugada, lo que pone en riesgo su estabilidad a futuro.
¿Puede un proyecto de izquierda sostenerse cuando el poder no escucha, no acuerda y no integra?
La Ciudad de México necesita más que símbolos. Necesita gobernabilidad y esa solo se construye con legitimidad ganada, no impuesta.
NOCAUT.
En las alcaldías, Clara Brugada no cuenta con un apoyo para la gobernabilidad. Hay una división clara con los alcaldes de GAM, Jeancarlo Lozano, y Aleida Alavez, de Iztapalapa, que solos juntan más de la mitad del padrón electoral de la CDMX.
En estos tiempos, la hegemonía que parecía construir Brugada desde las alcaldías se hace agua.



