Un desfile de vehículos gubernamentales toma por sorpresa a los comerciantes del Valle Emiliano Zapata en la Marquesa.
Es una calurosa mañana y el calendario marca el 4 de junio.
Aunque están bastante acostumbrados a la presencia de los turistas, los lugareños hoy sienten asombro.
El grupo de funcionarios, policías y bomberos causaban extrañeza al acercarse a los negocios de la zona turística del Estado de México.
Primero en busca de café caliente, luego para comenzar la búsqueda de Irvin Ulises Torres Gutiérrez, quien desapareció el 4 de septiembre de 2019.
Una búsqueda en vano
De una camioneta blanca de la Secretaría de Gobernación descende un grupo de mujeres.
Las mujeres llaman la atención porque en su ropa traen la imagen de sus familiares.
Son los rostros de sus seres queridos a quienes buscan incansablemente día con día, con o sin apoyo de las autoridades.
Las acompañan un puñado de voluntarios que les mueve la causa de los desaparecidos en México.
Las buscadoras tuvieron una primera impresión de contar con mucho apoyo.
En el lugar había representantes de varias instituciones.
El objetivo era llevar a cabo una diligencia, encabezada por la Comisión de Búsqueda de Personas de la Ciudad de México (CBPCM).
Debido a que esta zona se encuentra en los límites entre la alcaldía Cuajimalpa y los municipios mexiquenses de Ocoyoacac y Huixquilucan, fue indispensable la colaboración de la Comisión de Búsqueda de Personas del Estado de México (COBUPEM).
Personal de las fiscalías de ambas demarcaciones acudieron también, así como la Policía de Investigación, y elementos de las policías estatal y municipal.

El primer día se decidió recorrer el área más cercana a las pequeñas cabañas que son rentadas a las familias que visitan el parque.
Arriba de estas se alza un cerro cubierto de bosque y que constituyó uno de los polígonos delimitados en función de la última geolocalización obtenida por las autoridades, al rastrear el número de teléfono del joven Ulises.
Estos rastreos pocas veces son precisos pues el área que arrojan abarca amplias extensiones de terreno, no obstante, es la principal herramienta con la que la Comisión de Búsqueda delimitó el área a buscar.
Ya internados en el bosque de pino y divididos en dos equipos, comenzó la búsqueda.
Al frente siempre estuvo Adriana Gutiérrez, caminando apoyada de un bastón para senderismo con un piolet en la otra mano, con el que hacía a un lado los matorrales para inspeccionar lo que había debajo de ellos.
Adriana es la madre de Ulises, fue gracias a que por sus propios medios obtuvo de la compañía telefónica el historial de llamadas del celular de su hijo que se logró determinar la probable participación de un sujeto en la desaparición de Ulises.
Al momento de desaparecer, Ulises tenía 22 años, era técnico criminalista y le gustaba hacer ejercicio.
Su madre lo describe como un muchacho fuerte y grandote, por lo que le parece difícil que se lo hayan llevado por la fuerza, ella cree que solo a través de un engaño fue como se lo arrebataron.
La última vez que Adriana vio a Ulises, él salió de su domicilio en la avenida Centenario de la Alcaldía Álvaro Obregón, al poniente de la Ciudad de México.
Eso fue hace casi cuatro años y el punto de búsqueda en la Marquesa es la única pista que su familia tiene.
Descartar el área de las cabañas representó un gran alivio pues ya llevaban años esperando poder buscar en ese lugar, una espera que fue causada por la burocracia con que las autoridades buscan a una persona.
Paola Castro, cuñada de Ulises dice que si bien agradecen que las autoridades hayan organizado esta diligencia, está inconforme con la tardanza en realizarla. “Después de tres años comienzan a hacer esto”, reprocha.

Las condiciones de la búsqueda fueron adversas.
La humedad derivada de la lluvia del día anterior dominaba el ambiente, haciendo resbaladizo el suelo, mientras que la gran cantidad de vegetación hizo aún más difícil la movilidad.
Después de caminar en el bosque durante varias horas, no hubo ningún hallazgo y cerca de la 1 de la tarde se concluyó el primero de los cuatro días que se tenían contemplados.
El miércoles 5, las labores comenzaron con un retraso de dos horas, debido a que una de las camionetas que transportaba a las familias buscadoras se extravió camino a la Marquesa.
Ese día, los equipos contaron con más integrantes pues acudieron más voluntarios, que recorrieron senderos boscosos del municipio de Ocoyoacac, al borde de la carretera México-Toluca, en busca de fragmentos óseos, ropa o algún indicio de un enterramiento clandestino. No obstante, tampoco encontraron nada.
El tercer día, la zona a recorrer se encontraba dentro del municipio de Huixquilucan, cerca de la comunidad llamada El Tejocote, en un área usada como basurero clandestino, donde fueron hallados varios puntos que causaron sospechas a las madres buscadoras del colectivo Una Luz en el Camino.
Jacqueline Palmeros, fundadora del colectivo, compartió a Capital CDMX que las características del lugar y la cantidad de personas que integraron la búsqueda no fueron suficientes para descartar la presencia de restos humanos en el lugar.
Otra búsqueda fallida
Jacqueline busca a su hija Jael Monserrat Uribe Palmeros, joven de 21 años de edad, que desapareció en la alcaldía Iztapalapa, el 24 de junio de 2020.
Desde entonces ha acompañado a otras mujeres de la Ciudad de México que tienen familiares desaparecidos.
Ella y su colectivo han encontrado con vida a diversas personas desaparecidas, localizándolas en situación de calle, pero también han tenido cuatro hallazgos en campo desde que comenzaron a buscar, de los cuales dos han sido restos óseos hallados en lugares previamente procesados por la Fiscalía General de Justicia (FJGCDMX).
Además ha realizado hallazgos positivos en instalaciones forenses “en SEMEFOS, donde no busca la fiscalía, se tiene que descartar siempre que estén en esos lugares.
“Creo que es de las principales diligencias que se tienen que hacer y no las hacen, a veces yo me he dado cuenta uno o dos días antes de que se los lleven a fosas comunes”.

Al cierre del tercer día de búsqueda,que también concluyó sin hallazgos, el personal de la Comisión de Búsqueda capitalina determinó que ya se había recorrido el total del área previamente delimitada, por lo que el proyectado cuarto día de búsqueda ya no se llevaría a cabo.
Las madres del colectivo Una Luz en el Camino se mostraron inconformes ante esta decisión, pues consideraron que la búsqueda no fue exhaustiva.
“Para mí fue una porquería, simulada y mal hecha”, advierte Palmeros, quien califica como fallida ésta y otras búsquedas realizadas en tiempos recientes en la capital del país.
Asegura que la comisión local de búsqueda ha impulsado este tipo de diligencias con un amplio despliegue de recursos, pero sin la información necesaria para dar resultados positivos y localizar a las personas desaparecidas.
Ante las fallas en la organización institucional, Palmeros considera que “falta comunicación entre la Ciudad de México y el Estado de México, si hubiera comunicación efectiva hubieran venido las autoridades correspondientes”.
Lo dice en referencia a la ausencia de la Guardia Nacional y el Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas, ambas, instituciones convocadas para garantizar la seguridad de quienes acuden a buscar en campo, las cuales no acudieron pese a haber sido convocados con una semana de anticipación según el personal de la CBPCM.
“Dejan en vulnerabilidad a las familias”, asegura Palmeros.

Sin hallazgos concluye la búsqueda de Ulises, quien es uno de las más de 4,400 personas desaparecidas en la Ciudad de México, la segunda entidad con más personas desaparecidas en el país.
A casi cuatro años de su desaparición, su familia lo sigue buscando en compañía de otras familias que comparten el mismo dolor de tener a un ser amado desaparecido en, a decir de Claudia Sheinbaum, “una de las ciudades más seguras del mundo”.


