Azerbaiyán: el viaje que revivió un fantasma enterrado en Reforma

¡Saludos Ciudad de México! 

Nos hemos enterado que…

Hay nombres que en la política de la Ciudad de México parecían clausurados.

Azerbaiyán era uno de ellos.

Sin embargo, mientras la atención pública se consume entre lluvias, inseguridad, marchas y la rutina interminable de la capital, un movimiento aparentemente protocolario volvió a abrir una vieja puerta que muchos dentro del gobierno preferían mantener sellada.

Clara Brugada viajó a Azerbaiyán.

Oficialmente, para participar en un foro ligado a ONU-Hábitat. Un encuentro internacional sobre ciudades, desarrollo urbano y modelos de transformación territorial.

Todo dentro del lenguaje elegante de la diplomacia urbana contemporánea: sustentabilidad, espacio público, resiliencia, bienestar comunitario.

Pero en política, los viajes nunca son solamente viajes. Y mucho menos cuando el destino carga una historia incómoda para la propia CDMX.

Y es que hace poco más de una década, el nombre de Azerbaiyán provocó uno de los episodios diplomáticos más extraños, discretos y explosivos que haya pasado por Paseo de la Reforma.

Todo comenzó cuando el entonces gobierno capitalino permitió la instalación de una estatua de Heydar Aliyev, exmandatario azerí acusado internacionalmente de prácticas autoritarias y considerado por amplios sectores como un símbolo del viejo poder postsoviético.

La escultura apareció en Reforma casi como si nadie hubiera calculado el impacto político. Pero lo calcularon mal.

Las críticas crecieron rápido. Académicos, organizaciones civiles, activistas y voces diplomáticas comenzaron a preguntar cómo una ciudad que presume libertades democráticas terminaba homenajeando a una figura ligada al autoritarismo.

Y mientras el escándalo subía de tono, dentro del gobierno comenzaron las llamadas incómodas, las reuniones privadas y las negociaciones silenciosas porque retirar la estatua tampoco era sencillo.

Había acuerdos internacionales, inversiones comprometidas y una crisis diplomática potencialmente costosa.

Durante semanas, el gobierno capitalino quedó atrapado entre el descrédito público y la presión internacional.

Al final, la estatua desapareció de Reforma, pero el episodio jamás desapareció del todo dentro de ciertos círculos políticos.

Por eso el viaje de Brugada no pasó desapercibido para quienes sí recuerdan aquella historia. Y menos en este momento.

La Ciudad de México no atraviesa una etapa cualquiera, está entrando en un nuevo proceso de rediseño urbano y territorial que podría modificar profundamente la relación entre gobierno, espacio público y control político de la ciudad durante los próximos años. Ahí aparece ONU-Hábitat.

Y ahí es donde las piezas empiezan a conectarse.

Desde hace años, estos foros internacionales dejaron de ser simples encuentros técnicos.

Hoy funcionan como espacios donde gobiernos, organismos multilaterales, despachos urbanos y operadores políticos construyen las ciudades del futuro: movilidad, vivienda, regeneración barrial, recuperación territorial, densificación y modelos de comunidad. Es decir: poder.

El urbanismo moderno ya no se trata solamente de banquetas bonitas o parques iluminados.

Se trata de administrar territorio, reorganizar población, construir identidad social y rediseñar la forma en que una ciudad vive, se mueve y obedece. Ahí encaja el proyecto político de Clara Brugada.

Las Utopías nacieron en Iztapalapa como un modelo híbrido: infraestructura social, recuperación urbana, operación comunitaria y construcción de narrativa política territorial.

Ahora el objetivo parece mucho más ambicioso: llevar ese modelo a escala metropolitana mientras avanza el nuevo Plan General de Desarrollo de la Ciudad de México. Por eso Azerbaiyán importa.

Porque Bakú, su capital, lleva años funcionando como escaparate internacional de transformación urbana acelerada: megaproyectos, renovación de imagen, reconfiguración del espacio público y construcción de ciudad desde una lógica altamente centralizada.

Un urbanismo espectacular, cuidadosamente diseñado para proyectar modernidad y control.

Y aunque oficialmente el discurso hable de cooperación y desarrollo sostenible, en los pasillos internacionales el urbanismo también es geopolítica. Se negocian financiamientos y se alinean agendas para vender modelos de ciudad y construir alianzas.

Por eso el viaje deja más preguntas que respuestas.

¿Quién impulsó realmente la visita? ¿Quiénes acompañaron a Brugada fuera del reflector oficial?

¿Con quién se reunió realmente en Azerbaiyán? ¿Y qué parte del futuro urbano de la CDMX comenzó a discutirse lejos del ruido capitalino?

A veces los fantasmas políticos no regresan con escándalos sino disfrazados de foros internacionales.

No olvidamos…

#AnonymousChilango
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Periodistas vigilan la CDMX y en este espacio ofrecen datos veraces y versiones que corren entre la clase política hasta confirmarse.

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