Ciudad de México.- Tras tres años de iniciar la restauración, este miércoles concluyeron los trabajos y la Estatua Ecuestre de Carlos IV y su pedestal “El Caballito” fue exhibida de nuevo. La rehabilitación tuvo un costo de 7.5 millones de pesos.
En 2013, la estatua perdió 45 por ciento de su superficie pictórica original y hoy está de nueva cuenta en la plaza que lleva el nombre de su creador: Manuel Tolsá.
En la reinauguración estuvo presente el jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, quien dijo que El Caballito “ha quedado con mayor pronóstico de durabilidad por las nuevas técnicas y avances de la ciencia. Pero la belleza sigue siendo incomparable”.
Explicó que no sólo la parte de la estatua se restauró, sino la parte del basamento, “tenía filtraciones y era indispensable que se interviniera también”.
La secretaria de Cultura del Gobierno Federal, María Cristina García Cepeda, reconoció el compromiso del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y sus colaboradores y especialistas que asumieron la tarea de restauración. “Hoy es posible apreciar en todo su esplendor este monumento, emblema y orgullo de nuestra ciudad por más de 200 años”, aseveró.
Mancera subrayó que hay un trabajo coordinado con el Gobierno Federal en rehabilitación de estatuas.
“Gracias Jefe de Gobierno, porque debo reconocer que hemos trabajado de la mano con el gobierno de la ciudad para resguardar y proteger el patrimonio de los mexicanos”, añadió García Cepeda.
¿Quién dañó El Caballito?
De acuerdo con la página de le INAH, en 1795 el Virrey Manuel de la Grua Talamanca tuvo la iniciativa de ordenar la factura de una escultura en honor al rey Carlos IV. La encomienda estuvo a cargo del artista y arquitecto Manuel Tolsá.
Se trata de un bulto redondo que representa un caballo al paso, cuyo jinete es el rey Carlos IV. Está coronado con laureles, montando sobre una manta, porta un cetro en su mano derecha y lleva las bridas en la izquierda.
El monumento presentaba alteraciones por exposición al medio ambiente. En 2013, la empresa Marina, Restauración de Monumentos, dirigida por Arturo Javier Marina Otón, bañó con una solución de ácido nítrico y cepillos de acero a El Caballito.
La escultura perdió 45 por ciento de su superficie. El resto quedó inestable y susceptible a la corrosión, con una capa de polvo y hollín y escurrimientos por lluvia. Por su parte, el pedestal tenía desprendimientos, pintas, faltantes, disgregación y velos de sal.
La restauración
Tras el tratamiento inadecuado, el apoyo logístico fue otorgado por el Fideicomiso del Centro Histórico de la Ciudad de México. En 2013 este organismo realizó estudios con luces especiales, láser, georradar, rayos X, ultrasonido y microscopio del pedestal, la superficie, el color. Los profesionales de la Coordinación Nacional de Conservación, Restauración y Museografía del Instituto ingresaron a la Plaza Tolsá en 2016 para desarrollar los estudios técnicos y científicos.
Participaron también la restauradora Liliana Giorguli, titular de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC) y el arquitecto Arturo Balandrano, titular de la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos (CNMH). Ambos intervinieron en la restauración de la pieza metálica, el núcleo del basamento y el recubrimiento pétreo del pedestal. “Se trató de una iniciativa que supo convertir un hecho desafortunado en una oportunidad”, expresaron.
En octubre del mismo año empezaron las acciones directas sobre la pieza, mismas que consistieron en la estabilización del metal. La limpieza mecánica de toda la escultura tardó cinco meses dada la dificultad de remover, con un gel, cera, chapopote y resinas colocados en el siglo XX en 30 por ciento de la superficie. Asimismo, tuvieron que recuperarse los matices tonales.
La capa pictórica original tuvo que protegerse con resinas reversibles y recubrimientos de color. “El viandante que recorra la Plaza Tolsá se encontrará con una escultura que da testimonio de ese tono olivo-parduzco que logró perdurar 214 años pero tampoco resultará disonante a quienes pro muchos años lo vieron más oscuro”, expresó Liliana Giorguli.
El recubrimiento pétreo tenía manchas de humedad y aerosol, escurrimiento de cobre y fierro. El equipo restaurador tuvo que sustituir algunos bloques de piedra y desmontar la cornisa. También las dos placas de mármol recibieron tratamiento.
Arturo Balandrano comentó que el rescate fue “ejemplar y paradigmático, un precedente a nivel nacional e internacional sobre cómo intervenir una obra de calidad, valor y tamaño”. Destacó que la estructura no está oxidada, lo que garantiza su estabilidad.
El gobierno de la CdMx recibirá un manual de mantenimiento en el cual se especifican las líneas de acción para conservar la escultura a corto, mediano y largo plazo. Asimismo, habrá monitoreo en el subsuelo e inmediaciones de la Plaza Tolsá.


