Ciudad de México.– Al medio día del 13 de septiembre de 2013 sobrevolaban el zócalo de la capital de México helicópteros de la policía federal.
Todo el perímetro del Centro Histórico era desalojado, los accesos restringidos y el miedo se desbordaba en las miradas de los capitalinos.
En la Plaza de la Constitución, miles de maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) alzaban palos de madera y antorchas para atrincherarse en cada uno de los acceso al zócalo.
El secretario de Gobierno del Distrito Federal, Héctor Serrano, enfrentaba uno de los conflictos más delicados que amenazaban la gobernabilidad de la capital del país y también un dilema como hombre de izquierda: dejar en manos de los federales el mando en seguridad y entregar la plaza para desalojar a la CNTE.
En las próximas cuatro horas, los maestros fueron dejando el zócalo, sólo un centenar de maestros y anarquistas decidieron hacer frente a los policías. Serrano no titubeó y acompañó la orden para que la policía federal entrará con tanquetas a recuperar la plaza.
«Lo hice por el profundo amor por el espacio más emblemático del país, que es el zócalo capitalino. Lo que dejé es ideología, con la vehemencia con la que cuide el espacio. Sin duda soy un hombre de izquierda, pero antes de izquierda soy patriota y nacionalista», dice con firmeza Serrano, quien después de la elección del 7 de junio pasado dejó la Secretaría de Gobierno y tomó la cartera de Movilidad.
Explica a Capital MX que en el ejercicio de gobierno se deben anteponer decisiones convenientes aunque muchas de ellas no sean populares. Y ataja: «Nada de lo que hice como secretario de Gobierno fue en promoción de mi persona, fue porque se anteponía el interés supremo de la ciudad».
Los maestros de la CNTE fueron reubicados al Monumento a la Revolución y hoy queda un piquete de docentes en resistencia. Al hacer una retrospectiva, Héctor Serrano afirma que «las decisiones que tomé buenas o malas, sobre todo las malas, fueron por una decisión más que por una orden del jefe de Gobierno».
En la convicción de Serrano, ahora dirigente del Partido de la Revolución Democrática (PRD), no se pueden trasladar las decisiones complicadas hacia el jefe de Gobierno y la intervención del zócalo fue lo correcto «porque acompañamos el reclamo social y todavía los tendríamos en el zócalo».
Tras resolver el conflicto magisterial, Serrano consolidó la confianza con el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, hasta convertirse en su mano derecha y el funcionario más empoderado del gobierno de la capital de México.
El Segundo Abordo
Ratificado en el cargo que desempeñó desde finales de la gestión de Marcelo Ebrard, como segundo al mando, Serrano despachaba diariamente desde las oficinas del GDF, ubicadas en el zócalo, desde las 6 de la mañana a 11 de la noche de lunes a sábado.
Durante los tres años de gobierno de Mancera, Serrano generó gobernabilidad en la ciudad al establecer una coordinación con los partidos y la Asamblea Legislativa del DF. Una pieza clave fue el ex director de gobierno de la Secretaria, Carlos Meneses, quien desde sus oficinas operaba con los líderes de todos los rubros en la Ciudad de México para desactivar conflictos.
Desde ahí se mantuvo el control también del comercio ambulante, el cual Serrano ordenó desde 2008.
Sobre su relación con el comercio informal, sostiene: «Pésele a quien le pese yo retiré 26 mil comerciantes fijos, con puestos anclados al pavimento. La Recuperación de más de 87 manzanas, incluyendo el Eje Central».
No obstante, durante el proceso electoral pasado, se convirtió en el blando de acusaciones por parte del ex presidente nacional de Morena, Martí Batres, quien en distintas ocasiones lo responsabilizó de la guerra sucia desatada durante la campaña y de supuestamente utilizar recursos del gobierno capitalino a favor de los candidatos del PRD.
Así desde la Secretaría de Gobierno, Serrano logró empoderarse como ninguno de sus sucesores. «No sé si fue una secretaría de Gobierno poderosa, fui un secretario de Gobierno que parecía incansable, sin que esto fuera cierto porque también me canso, y que dedicó en cuerpo y alma la encomienda de mi jefe de Gobierno para honrarlo en primera instancia y en segundo a mi propia función», dice a unos meses de asumir su nuevo cargo.
La Crisis Mayor
En su gestión, como secretario de Gobierno del DF, Héctor Serrano le tocó vivir de cerca la crisis de salud del jefe de Gobierno. «Mancera es un hombre excepcional», asegura al recordar cómo enfrentó su operación a corazón abierto en noviembre de 2014.
Recuerda que en ningún momento asumió el mando en el DF porque «fue increíble que a las 6 de la tarde estaba en crisis y a las 5 de la mañana ya hablábamos con él».
A un año de los hechos, comenta que al hablar con Mancera lo primero que le sugirió fue hablar vía telefónica para acallar rumores.
Subraya que ese fue el momento en que estrechó la comunicación con Luis Serna, quien fue un factor determinante al actuar con inteligencia y decisión.
«Somos por Miguel Ángel Mancera y vamos a trabajar juntos en el proyecto. Con el único funcionario de gonnierno con quien tengo esa convicción clara y plena es con Luis Serna», añade el secretario de Movilidad del DF.


