Las madres buscadoras, con astucia, lograron hoy lo que la narrativa oficial hacía impensable: burlar la última milla impuesta por la FIFA como medida de seguridad excesiva en torno al Estadio Azteca, y a escasos 100 metros de la explanada del Coloso de Santa Úrsula visibilizaron el grave problema de las desapariciones en la Ciudad y el país.
Esta mañana colectivos solidarios y madres buscadoras marcharon por Tlalpan hacia el sur con dirección al Estadio, para acercarse lo más posible al evento inaugural del Mundial de Futbol.
Pero todo parecía indicar que se repetiría el escenario de ayer en la noche, cuando también intentaron llegar a la explanada del Azteca para expresarse en torno a las desapariciones.
Ayer y hoy la Policía atravesó camiones sobre Tlalpan, a la altura del puente vehicular de División del Norte, a fin de evitar el paso de manifestantes, además del despliegue de cientos de granaderos con sus escudos y extintores.
Este jueves, además, reforzaron el bloqueo con pesadas dovelas de cemento.
La noche del miércoles hasta ahí lograron llegar las madres buscadoras y de ahí también corrieron al secretario de Gobierno César Cravioto, quien intentó protagonizar una suerte de falso convencimiento y de diálogo con los colectivos de búsqueda.
Este jueves por la mañana parecía que las madres buscadoras no podrían pasar más allá de ese punto, otra vez, pero de manera sorpresiva usaron un puente peatonal y pasaron del otro lado del Tlalpan, el que va hacia el Centro de la Ciudad.
El contingente de mamás buscadoras y los colectivos solidarios empezaron a caminar y a veces a correr por entre los autos que circulaban sobre Tlalpan en dirección al norte.
Los cientos de granaderos que no son granaderos, desplegados en el lado de la avenida que va hacia el sur, miraban atónitos como unas 300 personas se les escurrían más allá de la última milla, esa que la FIFA impuso a las autoridades como medida de seguridad.
Del lado de Tlalpan por el que avanzaron las madres buscadoras no hubo retenes, vallas, camiones atravesados, ni dovelas de cemento.
Lo único que por momentos ralentizaba el avance del contingente fueron los autos, camiones y tráileres que buscaban un carril libre para seguir su camino.
Sin ningún bloqueo policiaco, las madres buscadoras y los colectivos solidarios lograron llegar al punto intermedio entre las estaciones El Vergel y Estadio Azteca del Tren Ligero, que para ese momento se encontraba ya fuera de servicio.
En ese punto no hay muro de contención que divida ambos sentidos de la Calzada de Tlalpan y el contingente de manifestantes pudo pasar por ahí para llegar a la única valla de policías que encontraron en todo el camino, justo en el bajopuente del Estadio Azteca.
Ahí se detuvieron para reclamar que mientras al interior del Coloso de Santa Úrsula se vivía una fiesta del futbol, afuera y cada día crecen las desapariciones.
“No tenemos partido, no tenemos color, no tenemos más que nuestra digna rabia a costa de la pérdida de nuestros familiares”, acusaron.
A su paso por Tlalpan arrancaron las flores de cempasúchil que el gobierno de Clara Brugada colocó en el camellón y lanzaron los pétalos amarillos al retén de uniformados de la Policía Bancaria que les cerraba el paso.
Adentro del Estadio el partido México-Sudáfrica ya había comenzado y hasta Calzada de Tlalpan se escuchó el grito del primer gol que acababa de anotar la selección nacional, y esa parecía la señal que esperaban los policías para comenzar el repliegue de los manifestantes.
Desde la valla aparecieron más uniformados que, con escudo en mano, comenzaron a cerrar un cerco en torno a las madres buscadoras.
Pero lo que no previeron los granaderos fue que desde el lado de las manifestantes también llegaron refuerzos, en su mayoría jóvenes del Frente Antigentrificación que arremetieron contra el muro de escudos.
Volaron botellas y piedras; del lado de la Policía apareció el gas de los extintores y la trifulca parecía escalar, hasta que un pequeño grupo de madres se colocó en medio de ambos bandos y con megáfono en mano pidieron a los jóvenes que no lanzaran objetos hacia la Policía.
La petición funcionó y los ánimos se relajaron, mientras las madres buscadoras decidieron que ya habían cumplido su objetivo y se retiraron del lugar, en donde quedó un contingente desorganizado de jóvenes que ya no cargó contra el retén policiaco.
La burla a la última milla se había consumado.


