El otro partido

México ganó.

Ganó en la cancha. Ganó en las tribunas. Ganó en las pantallas que transmitieron al mundo la inauguración del Mundial desde el Estadio Ciudad de México.

Durante noventa minutos, el país volvió a reconocerse en una de sus pocas certezas compartidas: el futbol como refugio, como lenguaje común y como tregua nacional.

Pero la imagen más poderosa de la jornada no ocurrió dentro del estadio. Ocurrió afuera.

Mientras miles de aficionados celebraban el comienzo de la fiesta mundialista, las madres buscadoras marchaban hacia las inmediaciones del estadio cargando fotografías, nombres y ausencias.

No llevaban fuegos artificiales ni ceremonias espectaculares. Llevaban algo más difícil de ignorar: el recordatorio de que México sigue siendo un país marcado por la tragedia de las más de 130 mil desapariciones.

Sin violencia y sin estridencias, colocaron frente a los ojos del mundo una pregunta que ningún gobierno ha logrado responder satisfactoriamente.

Detrás de los himnos, las luces y la celebración global, hay miles de familias que siguen buscando a quienes nunca regresaron a casa.

La escena tuvo una fuerza simbólica extraordinaria. Al tiempo que el Estado celebraba su capacidad para organizar uno de los eventos más importantes del planeta, un movimiento ciudadano recordaba los límites de esa misma capacidad para garantizar verdad y justicia.

La historia suele jugar estas ironías. Los gobiernos creen que los grandes acontecimientos producen legitimidad por sí mismos.

Que los estadios llenos, las ceremonias impecables y las transmisiones globales son una demostración automática de éxito.

Empero, la realidad suele ser más terca que la propaganda. Walter Benjamin observó que el progreso suele admirarse desde las alturas mientras abajo permanecen intactas las ruinas que nadie ha terminado de reconstruir. Ayer, mientras el mundo miraba una inauguración mundialista, miles de familias volvieron a recordar que México sigue cargando una deuda enorme con sus desaparecidos.

La jornada también exhibió la fragilidad política de la capital.

Ante las movilizaciones de la CNTE, los contingentes vinculados a Ayotzinapa y las protestas que acompañaron la inauguración, Clara Brugada optó por desaparecer del conflicto.

La jefa de Gobierno se mantuvo lejos de una ciudad sometida a presiones simultáneas. Las explicaciones fueron escasas.

La comunicación institucional se volvió hermética. Incluso el área encabezada por Ana María Lomelí cerró el canal de comunicación con la prensa en una de las jornadas más delicadas para el gobierno capitalino.

La escena alcanzó momentos incómodos. César Cravioto acudió a dialogar con las madres buscadoras y terminó siendo rechazado por quienes consideran que las autoridades escuchan mucho y resuelven poco.

El episodio dejó una imagen difícil de esconder: la erosión de una interlocución que durante años Morena presumió como una de sus principales fortalezas.

Claudia Sheinbaum tampoco apareció en el estadio. La Presidenta entendió el riesgo político de una jornada donde cualquier protesta podía terminar convirtiéndose en noticia internacional.

Prefirió observar el partido desde un acto controlado en la Gustavo A. Madero junto a Clara Brugada. Una decisión comprensible desde la lógica del cálculo político, pero que también reveló la dificultad del poder para convivir con una realidad que no puede administrar completamente.

El empresario Ricardo Salinas Pliego no dejó pasar el momento y al placearse en el Estadio se mofó de Sheinbaum al referir que él sí pudo entrar al Coloso de Santa Úrsula.

Y sin embargo, México hizo lo que mejor sabe hacer.

Después llegaron los goles. Después llegaron los festejos en El Ángel. Después llegó Tláloc para recordar que la modernidad capitalina sigue dependiendo de la misericordia del clima.

El cielo se oscureció, las ráfagas de viento encendieron alertas rojas y Periférico volvió a convertirse en una postal de inundaciones, caos vial y vulnerabilidad urbana. Horas más tarde regresó el sol y la ciudad continuó su marcha como si nada hubiera ocurrido.

Esa es quizá la fotografía más exacta del país. Un país capaz de organizar una fiesta global y, al mismo tiempo, incapaz de resolver algunas de sus tragedias más profundas. Un país que celebra mientras protesta. Que canta mientras reclama. Que sonríe mientras busca.

México ganó el partido inaugural, no obstante, la realidad volvió a alcanzar a los gobiernos de Morena.

NOCAUT.

Mientras las madres buscadoras caminaban hacia el estadio cargando fotografías y nombres, los palcos se llenaban de dirigentes, políticos y aspirantes de todos los colores.

Ahí estuvieron la opositora Alessandra Rojo de la Vega, el priista Alejandro Moreno y varios panistas protagonistas habituales de la conversación pública nacional.

Las madres no tenían palco. Tampoco lo necesitaban.

Al final, fueron ellas quienes se llevaron la imagen más poderosa de la jornada.

¡Abrazos, no periodicazos!

Luis Eduardo Velázquez
Luis Eduardo Velázquez
Soy licenciado en Periodismo por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García y licenciado en Derecho por la UNAM, con estudios de Maestría en Ciencias Jurídicas por la Universidad Panamericana (UP) y estudios en Filosofía. Soy analista político especializado en asuntos electorales, legislativos, democracia, derecho a la información, libertad de expresión y derechos humanos.Soy director y fundador de Capital CDMX, medio desde el que impulso el periodismo político y de investigación enfocado en el poder público, la rendición de cuentas y la vida institucional de la Ciudad de México.En el ámbito académico, mi línea de investigación se centra en el sistema de Derechos Humanos, con énfasis en libertad de expresión, derecho a la información, democracia y Estados constitucionales, así como en la ciencia y filosofía del periodismo.Soy autor del libro Diágoras, el prudente, una obra que explora la reflexión política, filosófica y jurídica desde una perspectiva crítica sobre el poder, la prudencia y la condición humana.Me desempeño como secretario de la Asociación Periodismo Nación MX, dedicada al fortalecimiento del gremio periodístico, la reivindicación del periodismo mexicano y la construcción de un marco jurídico que proteja los derechos de las y los periodistas.Escribo la columna Contragolpe y participo como analista en El Heraldo Televisión y en el canal de YouTube CDMX TV. He sido reportero en los diarios Milenio y 24 Horas, así como en radio para Enfoque Noticias de NRM Comunicaciones. También he colaborado en revistas como Obras, Chilango y Forbes México.Además de mi labor periodística, soy amante de la buena letra: escribo poesía y desarrollo trabajo plástico en distintos formatos.

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