A unos días de que la Ciudad de México se convierta en la principal vitrina internacional del país, Clara Brugada vivió una de las jornadas más difíciles desde que asumió el gobierno capitalino.
La jefa de Gobierno había preparado una agenda destinada a proyectar eficacia administrativa y avances en materia de movilidad. La intención era mostrar una ciudad en marcha, lista para recibir al mundo. La realidad decidió otra cosa.
Desde temprana hora, la CNTE ocupó puntos estratégicos de Calzada de Tlalpan, afectó estaciones del Metro, complicó la operación del transporte público y convirtió una de las principales vías de acceso al sur de la capital en un enorme cuello de botella.
Lo que debía ser una jornada para hablar de nuevas obras terminó siendo un día dedicado a explicar por qué la autoridad fue incapaz de garantizar condiciones mínimas de movilidad en la ciudad que gobierna.
La magnitud política del episodio va más allá de los bloqueos.
Las manifestaciones forman parte de la vida democrática y la Ciudad de México ha convivido durante décadas con ellas.
Lo verdaderamente revelador fue observar cómo una organización social logró imponer su agenda sobre la del gobierno capitalino sin encontrar una respuesta eficaz del aparato institucional.
Al tiempo que la administración intentaba colocar en la conversación pública sus proyectos de infraestructura, la CNTE evidenció la realidad: ¿Quién gobierna realmente la ciudad cuando surge un conflicto de gran escala? La respuesta la vimos al ver a Clara Brugada cancelar su agenda pública.
Desde su llegada al cargo, la jefa de Gobierno ha privilegiado una política de símbolos.
El color morado convertido en identidad institucional, los ajolotes elevados a emblema urbano y una narrativa estética destinada a diferenciar su administración ocupan una parte considerable del espacio público.
Lo complejo es que las ciudades no se administran mediante símbolos, sino resolviendo conflictos, anticipando crisis y ejerciendo autoridad política.
La cercanía del Mundial vuelve todavía más delicado el panorama. El Zócalo permanece tomado por los maestros y los comerciantes están asfixiados. Ni pensar la experiencia para los turistas ahí alojados.
La dirigencia magisterial amenaza con extender sus acciones hacia el entorno del Estadio Azteca. La movilidad enfrenta presiones extraordinarias derivadas de las lluvias. Y la percepción de que las autoridades reaccionan en lugar de conducir comienza a instalarse entre sectores cada vez más amplios de la población.
El filósofo Walter Benjamin observó que toda forma de poder necesita materializarse en el espacio para ser reconocida como tal.
El control de una ciudad no se mide por los discursos oficiales ni por las campañas de comunicación, por el contrario se observa en la capacidad de ordenar la vida colectiva, administrar tensiones y garantizar que los distintos derechos que conviven en una metrópoli no terminen anulándose entre sí.
La imagen que dejó este martes la Ciudad de México fue exactamente la contraria. Una administración que pretendía inaugurar obras terminó observando cómo una organización social dictaba el ritmo de la jornada, alteraba la movilidad de millones de personas y convertía la agenda gubernamental en una nota marginal.
Quizá ahí reside la enseñanza más severa para Clara Brugada. Gobernar una ciudad no consiste en definir su identidad gráfica sino en ejercer autoridad cuando las circunstancias lo exigen. Y cuando esa capacidad comienza a ser cuestionada, los problemas dejan de ser administrativos para convertirse en problemas políticos.
NOCAUT.
La jornada dejó otra escena reveladora. César Cravioto pasó en cuestión de días de protagonizar discusiones en redes sociales sobre el color de la infraestructura urbana a intentar contener una crisis de gobernabilidad en las calles de la capital.
La transición resulta ilustrativa del momento que vive el gobierno de la ciudad.
Durante meses, la administración concentró buena parte de su energía en construir relatos.
La CNTE le recordó que la política real sigue ocurriendo en el territorio y en el territorio, por ahora, la iniciativa no parece estar del lado del gobierno, paradójicamente, ahora es él quien la hace de tos ¿Sirve el jarabe?


