Cuando se pierde el diálogo, se rompe el fondo del sistema democrático.
En el Congreso de la Ciudad de México, ya no hay acuerdos, solo imposiciones.
Morena rompió el consenso. Literal. Porque después de haber logrado un dictamen conjunto para crear un nuevo órgano de transparencia —que sustituya al Info CDMX—, decidió patear la mesa e imponer su mayoría legislativa. ¿Resultado? Gritos, jaloneos… y hasta golpes. La ley ya es lo de menos porque no habrá transparencia.
La escena parecía sacada de un sketch de televisión: legisladoras empujándose, diputadas tomadas de la greña, y todo en tiempo de mujeres.
Pero no es comedia. Es el nuevo rostro de la política capitalina: la fuerza por encima del diálogo.
Peor aún, la narrativa de víctimas se diluye cuando las y los legisladores opositores caen en el juego de los empujones.
El mensaje se pierde. Lo que pudo ser una denuncia potente contra el abuso de mayoría, terminó en espectáculo predecible.
Como diría Norberto Bobbio, “una democracia sin reglas compartidas es solo la máscara de una tiranía de la mayoría”. Aquí ya no hay reglas, solo fuerza parlamentaria.
Pero hay una oportunidad. Lo sucedido en el Congreso capitalino debe ser un punto de inflexión.
Recuperar el respeto institucional, reabrir el diálogo y exigir altura política. Si no, seguirán gobernando los puños y no los principios.
¿Queremos una ciudad que avance o una asamblea que se parezca más a un ring sin técnica que a un Parlamento?
NOCAUT.
En Iztacalco, con el gobierno de Lourdes Paz, está llegando un cambio a la infraestructura de los parques que fueron abandonados por el Quinterismo. La recuperación de la paz pasa por renovar los espacios públicos.
¡Abrazos, no periodicazos!



