Los hermanos César Alejandro y Diego Alberto Reyna Carrillo, hijos de la alcaldesa de Cuautitlán, Juana Carrillo Luna, han sido señalados en investigaciones periodísticas y testimonios ciudadanos como parte de una estructura con influencia en la gestión de obras públicas en Cuautitlán y Tultitlán.
César Alejandro laboró en la Agencia Nacional de Aduanas de México durante la administración de Horacio Duarte. Diego Alberto, actual presidente del DIF municipal de Cuautitlán, fue secretario técnico de la Oficina de Presidencia en Tultitlán en el gobierno de Elena García Martínez.
La oficina pasó después a manos de Erick Vega Chavarría, quien de acuerdo con la prensa local es considerado cercano a Diego, y hoy coordinador general en Tultitlán bajo la administración de Ana María Castro Fernández.
De acuerdo con versiones locales, el grupo habría establecido un mecanismo que detiene proyectos de constructoras, naves industriales y centros comerciales hasta que se realicen aportaciones millonarias al Ayuntamiento, justificadas como recursos destinados a vialidades.
Aunque esas aportaciones quedan registradas como ingresos públicos, la adjudicación de contratos se concentra en empresas relacionadas con los propios operadores, advierte la prensa, lo que limita la transparencia en la fiscalización.
El tema ha generado críticas dentro y fuera de Morena, partido que llevó a la alcaldesa Carrillo Luna a la presidencia municipal, con señalamientos de nepotismo y concentración de poder en familiares y colaboradores.
No hay investigaciones judiciales activas, pero los cuestionamientos se intensifican ante los antecedentes federales de César Alejandro, quien en 2022 fue señalado por la Secretaría de la Defensa Nacional de manipular el semáforo aduanero para facilitar extorsiones a agentes aduanales e importadores.
A pesar de que la denuncia llegó a la FGR y a la Presidencia de la República, el resultado fue la separación de cargos sin sanciones judiciales. Estos antecedentes, sumados a los actuales señalamientos locales, han generado un clima de desconfianza en la gestión de recursos en Cuautitlán y Tultitlán.



