El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) presentó recientemente su primera medición oficial de pobreza multidimensional (2024), tras asumir esta responsabilidad en sustitución del Coneval.
El informe muestra una reducción significativa en los niveles de pobreza, aunque algunos analistas advierten sobre desafíos estructurales pendientes y posibles limitaciones metodológicas.
Los datos: avances claros en seis años
Según el boletín del INEGI del 13 de agosto de 2025, la población vulnerable por pobreza multidimensional bajó de 46.8 millones en 2022 a 38.5 millones en 2024, lo que representa una disminución de 8.3 millones de personas. Asimismo, la pobreza extrema se redujo de 9.1 a 7.0 millones.
En términos porcentuales, 29.6% de la población vivía en pobreza multidimensional en 2024, es decir, casi tres de cada diez mexicanos, mientras que la pobreza extrema se ubicó en 5.3%.
Otros reportes destacan que entre 2018 y 2024, durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, 13.4 millones de mexicanos salieron de la pobreza, apuntando que 8.3 millones abandonaron esa condición entre 2022 y 2024.
Los factores atribuidos a esta baja incluyen el triplicado del salario mínimo, un crecimiento económico impulsado por plataformas digitales, reforma laboral y transferencias de recursos sociales.
Voces críticas: ¿logros duraderos o temporales?
Pese a los avances cuantitativos, varios expertos advierten que estas mejoras podrían no ser sostenibles y que el alcance real de los derechos sociales aún presenta debilidades.
• Sostenibilidad de los apoyos: algunos especialistas señalan que el fortalecimiento de la economía familiar fue impulsado en gran medida por programas sociales y transferencias en efectivo, pero si estas ayudas concluyen, podría revertirse la reducción de pobreza.
• Persistencia de brechas estructurales: aunque ha disminuido la pobreza por ingresos, aún prevalecen carencias en salud, educación y seguridad social.
• Movilidad social limitada: el fenómeno del ‘suelo pegajoso’ advierte que una gran parte de quienes nacen en pobreza no logran salir de ella, sobre todo en regiones del sur del país.
• Metodologías cuestionadas: aunque el INEGI adoptó parámetros similares al Coneval, persisten dudas sobre la continuidad técnica y metodológica de las mediciones. Además, algunos críticos aseguran que los umbrales oficiales están por debajo del ingreso necesario para una vida digna.
Conclusión: avances reales, retos latentes
El estudio del INEGI marca un hito en la medición de la pobreza en México, mostrando reducciones notables en los últimos años.
Sin embargo, el debate se centra en si estos avances reflejan mejoras estructurales o son resultado de políticas temporales.
Aunque los indicadores han mejorado, sigue pendiente garantizar el acceso seguro y permanente a salud, educación y seguridad social, así como fortalecer la movilidad social real.
La transición desde el Coneval hacia el INEGI también plantea interrogantes sobre la continuidad metodológica y la transparencia de las mediciones en el futuro.
El panorama es alentador, pero los retos históricos —especialmente en las comunidades indígenas y poblaciones más vulnerables— exigen respuestas integrales y sostenidas.
Metodología del INEGI
El INEGI utiliza la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) como base para medir la pobreza, manteniendo parámetros similares a los que empleaba el Coneval.
El enfoque combina dos dimensiones: bienestar económico, medido por la Línea de Pobreza por Ingresos (LPI), y derechos sociales, evaluando carencias en educación, salud, seguridad social, vivienda, servicios básicos y alimentación.
En 2024, el 29.6% de la población estaba en pobreza multidimensional (24.2% en pobreza moderada y 5.3% en pobreza extrema). Asimismo, 5.8% era vulnerable solo por ingresos, 32.2% vulnerable solo por carencias sociales, y 32.5% no era pobre ni vulnerable.
Las principales carencias detectadas fueron en acceso a seguridad social (48.2%) y servicios de salud (34%), mientras que en vivienda y servicios básicos la incidencia fue menor.
El estudio también reveló que sin programas sociales la pobreza habría alcanzado 32.8% en lugar del 29.6%, y la extrema habría sido de 6.9% frente al 5.3% registrado.
Perfiles regionales y grupos más afectados
La pobreza en México mantiene fuertes contrastes regionales. En estados como Chiapas, Guerrero y Oaxaca más de la mitad de la población vive en condiciones de pobreza, alcanzando 66.0%, 58.1% y 51.6% respectivamente. En contraste, entidades como Baja California, Baja California Sur y Nuevo León reportan los niveles más bajos, entre 9.9% y 10.6%.
Los grupos más vulnerables siguen siendo los hablantes de lenguas indígenas, de los cuales 29% vive en pobreza extrema y 37.1% en moderada. También los niños menores de cinco años presentan un alto grado de afectación: 8.8% en pobreza extrema y 33.1% en moderada.
Otros sectores particularmente afectados son las personas analfabetas (14.8% en pobreza extrema y 35.7% en moderada). Además, en el sur del país la movilidad social es mucho más limitada: 64% de quienes nacen en pobreza permanecen en esa condición, frente a un promedio nacional de 50%.
No obstante los datos con sustento, persiste un álgido debate, más fincado en la polarización política, arropado con diversos matices técnicos, que manifiestan la continuidad de la lucha entre izquierdas y derechas, escatimando lo que se ha logrado con la suma de muchos mexicanos.
Lo que una vez mas nos recuerda aquella frase celebre “la política es la continuación de la guerra por otros medios”, planteada por el general prusiano Carl von Clausewitz en su obra clásica De la guerra (VomKriege), publicada póstumamente en 1832.



