Cooperativas de cuidado: construyendo igualdad desde lo colectivo

En el marco de la XVI Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe y del Foro Parlamentario celebrado en el Congreso de la Unión, se abre un espacio crucial para abordar uno de los grandes desafíos de nuestra región: construir una sociedad del cuidado que promueva la igualdad de género y el bienestar común.

En América Latina, las mujeres destinan entre el doble y el triple de horas que los hombres a labores de cuidado no remuneradas. Ignorar esta realidad es dejar incompleto cualquier esfuerzo por alcanzar la igualdad. Cifras de la CEPAL y la OIT evidencian que esta carga desigual restringe la participación femenina en el empleo y la educación, además de perpetuar las brechas salariales y la subrepresentación política.

El papel clave de las cooperativas de cuidado

Frente a este panorama, las cooperativas de cuidado se presentan como una alternativa transformadora. Estas entidades, administradas de forma democrática por quienes prestan y reciben los servicios, ofrecen atención a la niñez, a personas mayores, con discapacidad y a otros grupos que requieren apoyo, siempre bajo principios de solidaridad, calidad y empleo digno.

Su aporte es doble:
1. En lo económico: generan empleo formal para mujeres, con garantías laborales y acceso a seguridad social.
2. En lo social: visibilizan y valorizan el trabajo de cuidado, distribuyéndolo de manera más justa.

Retos y caminos legislativos

Desde la labor legislativa, es evidente que no basta con reconocer la importancia de estas cooperativas: es indispensable incluirlas en marcos legales y presupuestales sólidos. Esto implica:
• Diseñar incentivos fiscales y líneas de financiamiento para su impulso y permanencia.
• Implementar programas de formación y certificación de calidad para las trabajadoras del cuidado.
• Integrarlas a los sistemas públicos de cuidado, asegurando cobertura en comunidades rurales e indígenas.
• Garantizarles reconocimiento jurídico equivalente al de otras figuras empresariales, con un enfoque social.

Un esfuerzo regional compartido

En este foro, con la participación de ONU Mujeres, CEPAL y OIT, coincidimos en que la sociedad del cuidado no es una aspiración lejana, sino una condición indispensable para un desarrollo sostenible. Las cooperativas, por su naturaleza colaborativa, representan un pilar para lograrlo, pues encarnan tres principios fundamentales: trabajo decente, corresponsabilidad y comunidad.

La igualdad no surge por decreto: se construye día a día y entre todas y todos. En ese proceso, las cooperativas de cuidado son cimientos firmes para que el acto de cuidar deje de ser una carga invisible y se convierta en un derecho y un compromiso colectivo

Luz María Rodríguez Pérez
Luz María Rodríguez Pérez
Diputada federal de Morena.

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