Los usos de la gentrificación

Las protestas contra el fenómeno de la gentrificación que se llevaron a cabo este pasado viernes, expresaron un malestar social -aderezado con violencia y xenofobia- por el incremento de la población extranjera en algunas zonas de la Ciudad de México, lo que ha provocado que las rentas y el costo de la vida se incrementen en medio de una profunda transformación urbana.

La Jefa de Gobierno, Clara Brugada, ha señalado su desacuerdo con la gentrificación y que la posición de su gobierno es de rechazo, por lo que: “se seguirán aplicando medidas y políticas públicas que combatan estos fenómenos por medio de la vivienda social y proyectos de mejoramiento”.

Llama la atención esta postura, porque los gobiernos urbanos en distintas partes del mundo no son contrarios a estos cambios, dado que estos procesos proyectan, en efecto, una idea de modernidad fascinante, multicultural y global.

Muchos actores públicos recurren a esta imagen porque ella marca el carácter distintivo de una ciudad que mira hacia el futuro.

La gentrificación es una de las formas clásicas del proyecto urbano de la modernidad.

Un proceso en el cual diferentes áreas, previamente habitadas por clases populares o medias, son transformadas mediante la llegada de residentes con mayor poder adquisitivo.

Muchos son los actores sociales involucrados, desde nómadas digitales, trabajadores autónomos creativos, hasta consumidores de espacios exclusivos y constructores inmobiliarios.

La gentrificación es sustancialmente una reinversión que involucra edificios y zonas urbanas ante la pérdida de su valor.

Este fenómeno está dirigiendo a la CDMX hacia un nuevo modelo de desarrollo, cuyo dilema más importante es la inclusión o no de los ciudadanos para su plena pertenencia a la comunidad.

La gentrificación privilegia el capital económico y cultural respecto al capital social de los habitantes de esas zonas, representado por los trabajadores tradicionales, los pequeños comerciantes e incluso, los migrantes internos cuyo trabajo construye materialmente las ciudades.

La gentrificación ha ayudado a constituir el carácter cultural diverso y distintivo del aspecto urbano.

En realidad, los intereses materiales y simbólicos se mezclan promoviendo un énfasis renovado de las imágenes y gustos de los consumidores, quienes promueven inversiones y en ocasiones políticas públicas.

Estas inversiones se encuentran en la base de la restauración y adaptación comercial de las formas histórico-arquitectónicas precedentes, a partir de su reconversión en distritos económico-culturales.

Aparecen nuevos departamentos y oficinas, y frecuentemente, centros comerciales de lujo.

Estos cambios estructurales liberan espacio urbano para nuevos usos que se focalizan principalmente en los servicios.

Los negocios familiares tradicionales son paulatinamente reemplazados por tiendas o boutiques de moda.

Por esto, la gentrificación transforma tanto la economía como la estética de las viejas zonas urbanas, alejándose cada vez más de los usos tradicionales del espacio público y de las personas asociadas a ellos.

Sin embargo, entre los impactos sociales indeseables de este proceso se encuentran los desplazamientos de las familias, la pérdida de identidad barrial, la segmentación social y los conflictos comunitarios.

La gentrificación no es solamente una simple remodelación urbana, representa más bien el resultado de las fuerzas del mercado y del desarrollo gradual de los ciclos de inversión de capital que han hecho apetecibles algunos centros metropolitanos.

Se trata de una revolución urbana propiciada también por el Estado que aleja a las personas de sus casas, obligando a los comerciantes a cerrar sus negocios y a “limpiar” esas zonas en favor de nuevas marcas culturales, globales y hegemónicas.

El control político y económico del espacio público es un proceso marcado por rupturas, conflictos y transformaciones.

El reto consiste en encontrar el equilibrio entre el derecho a la ciudad y el desarrollo económico, social y cultural de los barrios. Como enseña la sociología urbana: observar los cambios de la ciudad permite mantener una ventana al mundo.

Isidro H. Cisneros
Isidro H. Cisneroshttp://agitadoresdeideas.com
Doctor en Ciencia de la Política por la Universidad de Florencia, Italia. Licenciado en Sociología por la Universidad Nacional Autónoma de México. Licenciado en Derecho por la Universidad La Salle del Pedregal. Fue diputado de la Asamblea Constituyente de la CDMX.

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