Claudia Sheinbaum anunció su intención de eliminar los diputados y senadores plurinominales a partir de 2030.
La propuesta se presenta como una medida de austeridad, cercanía ciudadana y depuración de privilegios partidistas.
Entonces la pregunta es inevitable: ¿es esta una verdadera reforma democrática o una ruta peligrosa hacia la sobrerrepresentación?
Morena ya tiene un control absoluto del Poder Legislativo por la sobrerrepresentación.
Ahora recordemos que los plurinominales surgieron en México como un correctivo ante el dominio del PRI en los años 70.
La reforma político-electoral de 1977, impulsada por Jesús Reyes Heroles, creó 100 diputaciones por representación proporcional para abrir la puerta a la pluralidad.
Hoy representan 200 de los 500 curules en San Lázaro y 32 de los 128 escaños en el Senado.
Sobre el Poder Legislativo, el experto en democracia Giovanni Sartori escribió: “La representación proporcional no es sólo un sistema electoral, es un principio político que amplifica la diversidad de una nación”. ¿Queremos silenciar esa diversidad por la vía del recorte de la nueva reforma electoral?
Sheinbaum plantea reemplazar los plurinominales con escaños para la primera minoría, como ya se hace en el Senado.
Sin embargo, esa fórmula no garantiza pluralismo. Si se elimina la representación proporcional, ¿qué espacio tendrán los partidos pequeños, los movimientos emergentes, las voces disidentes?
La reforma propuesta apela al hartazgo popular con los privilegios partidistas.
Pero ¿acaso no sería más efectivo reformar los mecanismos de listas y fortalecer la rendición de cuentas de quienes llegan por esa vía?
El riesgo está en suprimir una herramienta sin sustituirla con una mejor. Como dijo Norberto Bobbio: “La democracia no es sólo el gobierno de la mayoría, sino el respeto permanente a las minorías.”
Es urgente una reforma electoral. Seguir en la concentración de poder es un retroceso.
Lo deseable es abrir el debate a la ciudadanía, crear mecanismos mixtos, y evitar que la representación se convierta en hegemonía, ya que sin equilibrio… la democracia se erosiona.
NOCAUT.
México requiere de un fortalecimiento de la legislación secundaria de la libertad de expresión prevista en la Constitución federal.
Hay mecanismos de protección endebles por la falta de voluntad política y que han sido anulados mientras corre una embestida por los poderosos en contra de cualquier crítica a su labor.
No basta con que el gobierno pregone su respeto a la libertad de expresión expresión, se requiere de virtud para tolerar la crítica en el ejercicio del poder.



