El reciente anuncio del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de duplicar los aranceles al acero y aluminio del 25% al 50% ha generado preocupación en México. Esta medida, que entró en vigor el 4 de junio, afecta directamente a la industria siderúrgica mexicana, que exporta aproximadamente el 84% de su producción de estos metales al mercado estadounidense .  
Según datos del Banco de México, en 2024, las exportaciones mexicanas de acero y aluminio alcanzaron los 16,078 millones de dólares, de los cuales 13,383 millones correspondieron al acero y 2,695 millones al aluminio. La Cámara Nacional del Acero (Canacero) ha advertido que esta medida pone en riesgo cerca de 700,000 empleos directos e indirectos en el país . 
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, calificó el aumento arancelario como “injusto” e “insostenible”, argumentando que viola el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Además, señaló que Estados Unidos mantiene un superávit en el comercio de acero con México, lo que contradice la justificación de seguridad nacional esgrimida por la administración estadounidense .  
El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, anunció que viajará a Washington para solicitar la exclusión de México de estos nuevos aranceles. Mientras tanto, el gobierno mexicano evalúa medidas para proteger su industria, incluyendo la exigencia de utilizar acero nacional en proyectos de obra pública . 
Este incremento arancelario también podría afectar a los consumidores estadounidenses, ya que se anticipa un aumento en los precios de productos que utilizan acero y aluminio importados, como automóviles y electrodomésticos . 
La situación actual refleja las tensiones comerciales entre ambos países y plantea desafíos significativos para la economía mexicana, que depende en gran medida del mercado estadounidense para sus exportaciones de acero y aluminio. 



