Éste viernes 16 de junio, cuatro minutos antes de las 15:00 horas, Martí Batres se convirtió en el noveno jefe de gobierno de la Ciudad de México.
Será el mandatario capitalino de aquí hasta el 4 de octubre de 2024, cuando entregue las riendas de la CDMX a la administración que emane de las próximas elecciones.
Rindió protesta en el pleno del Congreso capitalino, en una ceremonia apenas emotiva; caracterizada por notables ausencias, como integrantes del propio gabinete, alcaldes, empresarios o figuras federales.
Aún así la jiribilla no faltó, pues a la hora en que los diputados votaron la designación de Batres, con papeletas y urna, 64 de los sufragios fueron para él, pero en el conteo se filtró un voto para Marcelo Ebrard.
Nada tenía que hacer aquí el nombre de Ebrard, pero algún o alguna legisladora ocurrente incorporó al excanciller y hoy aspirante presidencial, lo que generó algunas risas y murmullos entre la concurrencia.
LA SESIÓN
A las 12:23 horas, con la asistencia de 65 diputados, inició la sesión extraordinaria del Congreso de la Ciudad para dar cuenta con el oficio de Claudia Sheinbaum que notificó su separación definitiva al cargo como titular del Ejecutivo local.
Siete minutos después, exactamente a las 12:30 horas el presidente de la mesa directiva Fausto Manuel Zamorano, declaró la falta absoluta de Sheinbaum en la Jefatura de Gobierno y así oficialmente ella quedó fuera del cargo.
Luego de ello, Zamorano decretó un receso que sería de sólo 30 minutos, pero se prolongó más de una hora y en ese tiempo comenzaron a llegar los integrantes del gabinete de Ciudad a la sede del legislativo.
No fue una sesión solemne, pero algunos altos funcionarios de la administración local ingresaron bastante desenfadados al salón del pleno, como el secretario de Desarrollo Urbano Carlos Ulloa, vestido con jeans y tenis.
Atrás de él entró el director del Metro Guillermo Calderón, en mangas de camisa y un morral al hombro, y un poco más rezagado el titular de la Sibiso, Rigoberto Salgado, con un sombrero tipo tejano.
Los únicos de traje y corbata fueron el contralor Juan José Serrano y el titular del Consejo Ciudadano de Seguridad Salvador Guerrero.
LAS AUSENCIAS
La designación de Batres no fue el gran acto de convocatoria política, mucho menos si se toman en cuenta las ausencias.
No llegaron a esta cita personalidades como el jefe de la Policía Omar García Harfuch, ni la fiscal de la Ciudad Ernestina Godoy.
Tampoco acudieron el secretario de Obras Jesus Esteva, ni la secretaria de Gestión Integral de Riesgos Miriam Urzúa.
No hubo un solo alcalde de la oposición y de Morena fue evidente la ausencia del titular en Gustavo a Madero Francisco Chiguil, así como del alcalde en Xochimilco José Carlos Acosta.
Cuando la sesión del Congreso ya había terminado Acosta entró a la carrera; todo sudado se abrió paso entre los legisladores e invitados para llegar hasta Martí Batres, tomarse la foto con él y luego retirarse. Así como llegó se fue.
De figuras federales destacó la presencia de la Vicecoordinadora de los diputados federales de Morena Aleida Alavez y la secretaria general de ese partido Citlali Hernández.
La grilla política es un gen que la izquierda trae hasta en la médula y este acto de designación del jefe de gobierno sustituto no estuvo exento de ello.
Así, entre corrillos y durante la misma sesión extraordinaria, el nombre de Aleida Alavez, junto con el de Víctor Hugo Romo y el de Ricardo Ruiz, sonaron para que de entre ellos salga el nuevo secretario de gobierno capitalino.
LA VOTACIÓN
Luego del receso la sesión extraordinaria del Pleno se reanudó a las 14:11 horas y en ese momento Fausto Manuel Zamorano instauró al Congreso capitalino como Colegio Electoral.
Anunció desde la Mesa Directiva sobre la existencia de un oficio suscrito por la bancada de Morena que proponía a Martí Batres como jefe de gobierno sustituto.
Con ese oficio se cumplía el formalismo jurídico para que los diputados, instalados como Colegio Electoral, votarán en papeletas por quien hasta hoy fuera el secretario de gobierno de la CDMX.
Uno a uno y en orden alfabético, los 65 legisladores fueron llamados al frente del salón para depositar su sufragio en una urna transparente.
De ahí salieron los 64 votos para Batres y un voto para Marcelo Ebrard.
LA TOMA DE PROTESTA
Ya cantada la votación, Martí Batres ingresó al salón del pleno, un sitio que le ha sido familiar, porque en el ya lejano 1997 y durante la primera legislatura de la entonces Asamblea Legislativa él fue aquí diputado local y presidente de la llamada Comisión de Gobierno.
Hoy entró 26 años después para recibir la investidura de mandatario y lo hizo de a poco, deteniéndose a saludar a quienes se encontraba en el pasillo, tanto a legisladores como a invitados.
Cuando pasó junto a las curules de la bancada del PAN giró sobre sus pasos y regresó a saludar de mano a cada legislador y legisladora panista.
Les dio las gracias, una y otra vez, porque los de Acción Nacional aseguraron con sus votos que no hubiera contratiempos y se cumpliera el requisito legal de avalar la designación con dos terceras partes de los integrantes del Congreso.
Pero el respaldo de los panistas no fue gratuito y así se lo hicieron saber a Batres en una reunión previa que hubo de la Junta de Coordinación Política.
Esa reunión se llevó a cabo durante el receso y ahí los del PAN le pidieron el nuevo jefe de gobierno que restituya el diálogo y la interlocución que ya se había perdido con Sheinbaum.
Pero hay algo más. Los panistas votaron a favor pues esperan un trato recíproco de parte de Morena cuando los alcaldes opositores como el de Benito Juárez, Santiago Taboada, también pidan licencia para buscar un nuevo cargo de elección popular.
SIN DISCURSOS
El acuerdo al que llegaron los coordinadores parlamentarios es que no habría discursos ni posicionamientos y así ocurrió.
Martí Batres levantó el brazo derecho y protestó guardar y hacer guardar la Constitución, así como las leyes que de ella emanen.
El nuevo mandatario local tampoco habló desde la tribuna, a pesar de que en otras épocas sí lo hicieron mandatarios interinos como Rosario Robles o Alejandro Encinas.
Luego de rendir protesta extendió los brazos y saludó ; mandó un beso a su esposa y sus dos hijos, presentes en el salón de sesiones, y se dejó apapachar por una mediana porra que salió de la bancada de Morena.
“¡Jefe de gobierno, jefe de gobierno!”, le gritaron una dos o tres veces aquellos de la 4T con los que luego se tomaría la selfie del recuerdo.
Lo que sí ocurrió es que al término de la sesión el jefe de gobierno sustituto y diputados de todos los partidos se dirigieron al salón “Heberto Castillo” para ofrecer ahí un mensaje ante medios de comunicación.
El único que habló fue Batres y en menos de 10 minutos refrendó que su administración se caracterizará por el diálogo con todas las fuerzas políticas, así como con todos los sectores sociales y económicos de la urbe.
No hubo preguntas ni respuestas y al final el personal de resguardo del Congreso, así como sus asesores, sacaron al jefe de gobierno por una puerta lateral del recinto de Donceles y Allende, donde no hubo numerosos contingentes, ni grupos de acarreados o vallas de la Policía que dieran cuenta del histórico momento.



