Wilfrido Robledo aquel domingo

Mi amigo

Wilfrido Robledo. La fuerza del Estado se puede utilizar de modo legitimo y desde una perspectiva de seguridad ciudadana, pero se requiere de policías especializados, como lo fue el comisionado Wilfrido Robledo


La madrugada del 6 de febrero de 2000, la Policía Federal Preventiva (PFP) entró en Ciudad Universitaria.

El operativo estuvo planeado y dirigido por el almirante Wilfrido Robledo.

Era un momento por demás delicado, pero urgía la vuelta a la normalidad en la UNAM, luego de una huelga estudiantil que se había prolongado por casi un año.

La absoluta mayoría de los universitarios exigían que se les apoyara devolviéndoles las escuelas y, sobre todo, la posibilidad de continuar con sus estudios, investigaciones y trabajo.

Muy temprano, en la madrugada de aquel domingo, me llamó el director de La Crónica de Hoy, Pablo Hiriart, para decirme que había que enviar reportero y fotógrafo a Ciudad Universitaria.

De la Presidencia de la República, le habían señalado la pertinencia de ser testigos de lo que estaba por ocurrir.

Tomé la decisión de ir yo también.

Cuando llegué a la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL), el desalojo y detención –que en la mayoría de los casos solo sería por unas horas– de los integrantes del Consejo General de Huelga estaba por concluir.

Cientos de uniformados de la PFP vigilaban que todo aconteciera sin mayor contratiempo.

Como reportero pude recorrer los salones de la FF y L que los paristas utilizaban como bodegas, espacios de discusión y habitacionales.

Wilfrido Robledo

Con el paso del tiempo es que se puede valorar la realización de una operación en el que no hubo enfrentamiento alguno, y donde los detenidos recibieron un trato adecuado de los agentes policiales.

Todo un logro en un país donde este tipo de intervenciones suele terminar mal.

La diferencia, en buena medida, provino de funcionarios como el almirante Robledo, quien ya contaba con una amplia experiencia desde ese entonces.

El presidente Ernesto Zedillo y el secretario de Gobernación, Diódoro Carrasco, tenían muy claro lo que estaba en la balanza y donde la liberación de la UNAM no podía ser manchada por actos represivos que suelen volverse un bumerang.

Confiaron en las capacidades policiales de mandos como Robledo y no se equivocaron.

A nivel de comunicación, el secretario presidencial, Liébano Sáenz, optó por la trasparencia y por eso radios, televisoras y prensa escrita estuvieron presentes.

Ese domingo, de hace 22 años, no es recordado de modo negativo, como sí ocurre en otras intervenciones de la autoridad en las universidades públicas.

El CISEN

Robledo pertenecía a la comunidad de inteligencia y le tocó una etapa por demás interesante en el CISEN, donde se establecieron los cimientos de la profesionalización.

Lejos de las leyendas negras y las fantasías, el órgano de inteligencia era una herramienta indispensable para la toma de decisiones, como lo puede atestiguar diversos gobiernos y sus usuarios.

Robledo también coordinó un grupo anti secuestros que tuvo éxitos muy importantes al desarticular bandas muy peligrosas.

No todo fue luz, por supuesto, porque el operativo en Atenco en 2006, cuando era jefe de la Agencia de Seguridad Estatal del Estado de México, las cosas salieron mal y se cometieron abusos, como documentó la CNDH en su momento.

Sin embargo, lo que fue la historia de vida en el servicio público de Robledo, hay que juzgarla en su integridad, porque el balance es favorable, para él y para la escuela policial y de inteligencia en la que participó por décadas.


Publicado en Forbes el 22 de febrero de 2022.

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