La cosecha, una vez alcanzada la medida adecuada, es cuidadosamente dispuesta en ayates, listos para ser enviados directamente a los supermercados.
La calidad de los romeritos no solo depende del cuidado durante la siembra, sino también de la asesoría de la Comisión de Recursos Naturales y Desarrollo Rural (CORENADR), que garantiza que estén libres de contaminantes y químicos.
Los agricultores, señalaron la importancia de enfrentar las heladas, ya que pueden afectar el crecimiento del romero llegando a congelarse y quemarse.
La siembra de romeritos se nutre de las aguas provenientes de las lagunas de Xico, en una demostración de la riqueza agrícola que aún perdura en la capital del país.
Cientos de hectáreas en el oriente del Valle de México están dedicadas específicamente a la agricultura, contribuyendo a la conservación de la tradicional gastronomía mexicana, especialmente arraigada en esta zona de la Ciudad de México.
Con este cuidadoso proceso de siembra y cosecha, los romeritos están listos para llegar a las mesas capitalinas, llevando consigo el sabor y la tradición de las festividades de fin de año.



