Ciudad de México, 6 de abril de 2026. El paro de transportistas registrado este lunes volvió a exhibir la fragilidad estructural de la movilidad en la capital del país. Las afectaciones se concentraron en los principales accesos carreteros, impactando directamente a las alcaldías Gustavo A. Madero, Tlalpan e Iztapalapa, donde miles de personas vieron duplicados sus tiempos de traslado.
Desde las primeras horas, contingentes bloquearon o ralentizaron vías estratégicas como la México-Pachuca, México-Querétaro, México-Cuernavaca y México-Puebla, arterias por donde circula diariamente una parte significativa del transporte de carga y pasajeros hacia la capital.
Impacto directo en tres alcaldías clave
En Gustavo A. Madero, el flujo proveniente del norte del país se vio severamente afectado, generando congestionamientos en avenidas como Insurgentes Norte y la autopista México-Pachuca. En Tlalpan, la salida hacia Cuernavaca provocó saturación en Viaducto Tlalpan y Periférico Sur. Mientras tanto, en Iztapalapa, el bloqueo en la México-Puebla repercutió en Calzada Ignacio Zaragoza y Ermita Iztapalapa.
De acuerdo con estimaciones de movilidad, en la Zona Metropolitana del Valle de México se realizan más de 34 millones de viajes diarios, lo que amplifica el impacto de cualquier interrupción en los accesos carreteros.
Rutas alternas saturadas
Autoridades recomendaron vías como Circuito Interior, Eje Central y Periférico; sin embargo, estas ya operan al límite. En horas pico, velocidades promedio en la CDMX pueden caer por debajo de 15 km/h, lo que convierte cualquier contingencia en un colapso generalizado.
Un problema estructural
El paro no solo es una protesta, sino un síntoma de la dependencia logística de la ciudad. Más del 70% del abastecimiento de mercancías depende del transporte terrestre, por lo que bloqueos prolongados impactan no solo la movilidad, sino también el suministro y la actividad económica.


