Oligarquías políticas

Los olvidados regresan

Oligarquías políticas. Un fenómeno lesivo para nuestro sistema político está caracterizado por la profunda crisis de representación que actualmente se desarrolla en México.

Es una separación entre la sociedad civil y sus representantes políticos justo en un momento donde su conjunción es indispensable para el buen funcionamiento del ordenamiento democrático.

La creciente integración de los partidos políticos en el Estado es la principal causa de este alejamiento.

El abandono de la mediación representativa conduce a la cada vez más cercana identificación entre las instituciones públicas y las fuerzas políticas.

Ello genera un mayor debilitamiento de los partidos como lugares de agregación de las demandas sociales.

El resultado de esta crisis entre representantes y representados está a la vista:

De un lado, la creación de costosas oligarquías establemente colocadas en las instituciones y masivamente expuestas a la corrupción.

Y del otro, la institucionalización del clientelismo político.

El sociólogo Robert Michells, afirmaba: “quien dice organización, dice oligarquía”. Sostenía que la organización es la única arma que “los muchos” tienen en su lucha contra “los pocos”, los cuales se encuentran ya organizados estructuralmente por sus intereses, sus estilos de vida y su reciproco reconocimiento.

Lo paradójico, continuaba Michells, es que la organización constituye también el estratagema a través del cual “los pocos” se apropian de la dirección de las masas, las cuales tienen a este punto dos adversarios: “los pocos” de la parte adversa contra los cuales se organizan y “los pocos” dentro de su misma organización, es decir, las élites que los dirigen ya sea asumiendo el liderazgo del movimiento o educando a las masas.

Oligarquías políticas 

Los tiempos actuales se caracterizan por una revuelta ciudadana contra “los pocos” de ambas categorías: los ricos y poderosos que representan a la oligarquía, y la clase política que integra el “establishment”.

Frecuentemente, el proceder de “los pocos” pretende mantener el consenso general por medio de esquemas clientelares.

De esta forma, el clientelismo tradicional se transforma en un moderno clientelismo institucionalizado.

Originalmente es de tipo vertical que desciende del político hacia el elector en lo individual.

Actualmente, se ha convertido en un clientelismo horizontal que involucra a grupos sociales, es un clientelismo de masas, organizado, eficiente y planificado.

En el viejo clientelismo la relación de intercambio es instrumental, y en ella el funcionario es “el patrón” con un poder elevado que ofrece protección o ventajas a una persona de estatus inferior.

A su vez, “el cliente” ofrece apoyo específico, en este caso, su voto, existiendo una reciprocidad directa, interpersonal y desigual.

Es un intercambio caracterizado por formas rituales de disponibilidad.

El intercambio de favores por votos ha sido una práctica en la que incurren todos los partidos políticos independientemente de su ideología.

Nuevo clientelismo 

Representa un modo de ejercicio del poder y una práctica antidemocrática que denota el intercambio de obras públicas y programas sociales por apoyo político.

En un sistema de este tipo, el poder sobre las decisiones de la administración pública se utiliza para obtener beneficios privados y, por lo general, los recursos que facilitan los intercambios clientelares provienen del Estado.

El nuevo clientelismo de masas proyecta una relación altamente organizada que actúa a nivel del sistema político.

Se desarrolla a partir de la organización del gobierno como una “máquina político-electoral” donde las personas y los grupos pueden comparar los beneficios del intercambio.

Este clientelismo produce reforzados vínculos de dominación y subordinación de las masas al poder político.

Establecien mecanismos para la adquisición de consensos mediante la compra y la venta de ventajas institucionales.

El clientelismo en cualquiera de sus formas representa una inaceptable instrumentalización de las personas en beneficio de una clase política tendencialmente oligárquica y antidemocrática, las oligarquías políticas.

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