La honestocracia

Ciudad de México.- Buenas noticias. La agenda de prioridades se redefine porque algunos vencedores en las elecciones prometen lanzarse contra los corruptos. Cumplirán si la sociedad los acompaña y vigila.

Coincido con Andrés Manuel López Obrador: la prioridad debe ser acabar con la deshonestidad. Es un buen punto de partida para la regeneración. Morena tendrá mucho trabajo porque regresa a una ciudad deteriorada por la epidemia de moches, abusos e ineptitudes que brotan por doquier.

El urbanismo salvaje ha destrozado los bosques del sur y los barrios y colonias de la ciudad. Ha sido un negocio fenomenal para algunos empresarios y funcionarios. Tomando como base cifras oficiales en marzo (“Conjura defeña” 4 de marzo de 2015) aseguré que, en una década, los cambios de uso de suelo ilegales generaron ingresos ilícitos por 203 mil millones de pesos. El gobierno de Miguel Ángel Mancera guardó silencio.

Andrés Manuel y Morena tienen competidores. Los triunfadores en Nuevo León y Jalisco también aseguran que limpiarán la mugre y ordenarán la casa. Ninguno da detalles sobre cómo lo harán, pero su discurso confirma que algunos gobernantes entienden el hartazgo social por el saqueo. Aquel que rinda mejores cuentas en ese terreno engrosará la creciente lista de precandidatos a la presidencia.

La competencia se da en todos los niveles. Las victorias capitalinas de Morena metieron inmediatamente a Ricardo Monreal como candidato a la jefatura de gobierno capitalina de 2018. Gobernará la delegación Cuauhtémoc donde se concentra el mayor número de puntos de distribución de drogas en la capital. Por tanto, para erradicar la corrupción tendrá que manejar el gigantesco problema de la infiltración del crimen organizado en las estructuras de gobierno.

La geografía sazona el guisado político capitalino. La Cuauhtémoc colinda con la Miguel Hidalgo donde triunfó Xóchitl Gálvez. Ante la mortandad de los cuadros históricos del PAN, Xóchitl llega con una frescura, carisma y enjundia que opaca a un panismo capitalino deslavado. Llega, además, con el hambre de quien desea obtener un reconocimiento que le han regateado una y otra vez. En la Miguel Hidalgo el nido de corrupción anida en las construcciones ilegales.

Ninguno de los arriba mencionados la tendrá fácil. La corruptocracia está bien atrincherada en la sociedad y el Estado y hasta ahora ha sido capaz de derrotar a quienes la han amenazado. En 1982, Miguel de la Madrid llegó a Los Pinos decidido a combatirlos y fue derrotado. Terminó jugando el triste papel del telonero que preparó el escenario para que Carlos Salinas de Gortari se dedicará a vender bienes públicos que fueron el trampolín para multimillonarios como Carlos Slim y Ricardo Salinas Pliego.

En 2015 no se dejarán. Y el primer aviso llegó diez días después de las elecciones. Esta semana la Asamblea Legislativa del DF intenta dar un albazo y aprobar, en una sesión extraordinaria, el cambio de uso de suelo de 50 predios. Inspirados en la impunidad de que disfura el partido Verde están dispuestos a cumplir, supongo, con algún compromiso pactado con los “desarrolladores”, a sacar el dinero para cubrir adeudos incurridos en la campaña o a llevarse la  última tajada, esa que les endulzará el tiempo que podrían estar fuera del presupuesto.

Fue alentadora la rapidez de reacción de las organizaciones vecinales de la capital. Suma Urbana, entre otras, denunciaron inmediatamente el atraco que están intentando hacer los asambleístas ante la pasividad de Miguel Ángel Mancera que también quiere ser presidente. El desenlace es incierto aunque Morena ya se opuso.

La honestocracia se consolidará si se ve acompañada y vigilada por la sociedad organizada. La situación es novedosa. El impulso a favor del cambio se está dando en ciudades —Monterrey, Guadalajara y el Distrito Federal— con niveles altos de tejido social —organismos sociales y empresariales, medios independientes y ciudadanía informada. De este empuje social depende el avance, retroceso o estancamiento de la regeneración.

Es notable la fluidez de los acontecimientos. El enojo social se reflejó en las urnas y abrió algunos resquicios a la esperanza. Corresponde a quienes gobiernan demostrar con hechos quién tiene más imaginación y consistencia en la limpieza de la casa; toca a la sociedad organizada acompañarlos y acicatearlos. De manera simultánea se libra una guerra de movimientos y de trincheras. Así de simple y de complicado es el cambio.

Comentarios: www.sergioaguayo.org

Colaboró Maura Álvarez Roldán

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