La guerra del odio

Ciudad de México.- Observamos una guerra asimétrica donde la creciente intolerancia impulsa nuevamente una confrontación militar en Medio Oriente. Es un conflicto entre judíos y palestinos que reaviva un odio secular basado en diferencias políticas que son también religiosas y étnicas.

En esta ocasión, el conflicto estalló en Jerusalén por las restricciones policíacas establecidas por el gobierno de Israel en torno a la Puerta de Damasco donde los palestinos acostumbran reunirse al final del Ramadán o “mes del ayuno”, fiesta  sagrada de los musulmanes que concluyó el pasado 12 de mayo.

A los inusuales bloqueos se sumaron allanamientos a los recintos religiosos de la Explanada de las Mezquitas donde se encuentra la Cúpula de la Roca, considerada el lugar más sagrado para los musulmanes después de La Meca y Medina.

Las reacciones de los palestinos no se hicieron esperar frente a una estrategia de exterminio impulsada por el primer ministro judío, Benjamín Netanyahu, quien después de 12 años en el poder continúa promoviendo la guerra y negando el derecho a la autodeterminación palestina. También contribuye la política exterior estadounidense que recientemente trasladó su embajada a Jerusalén considerándola “capital de Israel”, violentando su tradicional estatus de ciudad de la convivencia entre las religiones islámica, hebrea, católica y ortodoxa.

A ello se suma una agresiva política de ocupación y desalojo de territorios palestinos por parte de colonos radicales judíos quienes buscan forzar la salida de la población nativa a través de intimidaciones violentas. Las amenazas de expulsión afectan a miles de familias.

Es un proceso que algunos historiadores -como Ilan Pappe- han denominado: “la limpieza étnica de Palestina”, que se desarrolla por parte de Israel desde 1948 cuando inició la expropiación de las propiedades de los árabes. Sus casas son destruidas y los habitantes obligados a abandonar sus tierras en un proceso sistemático en el tiempo y cuidadosamente planificado en su operación. La limpieza étnica que se mantiene es un crimen contra la humanidad y las personas que actualmente lo cometen son criminales que deben ser llevados ante los tribunales internacionales.

Hemos presenciado el bombardeo más intenso de todas las confrontaciones sostenidas entre Israel y Hamas. La aviación judía lanzó sobre Gaza cientos de misiles que hasta el momento han cobrado la vida de aproximadamente 200 personas, entre ellas 55 niños. Los combates no cesan y empieza la escasez de luz, agua y alimentos, miles de personas escapan de la zona para refugiarse en otros lugares.

El conflicto también ha desplegado una guerra psicológica contra la población civil, cuyo episodio más reciente ha sido la destrucción de la Torre de la Información donde se asentaban los servidores de internet de la región y los medios de comunicación internacionales como Associated Press y Al-Jazeera. Se configura otra guerra paralela para silenciar la información proveniente de Gaza.

La confrontación puede convertirse en guerra civil por las continuas protestas que se desarrollan en diferentes comunidades en solidaridad con los palestinos, sobre todo en aquellas denominadas ciudades mixtas donde conviven ambos pueblos. En ellas han explotado sentimientos nacionalistas y religiosos que confrontan a una población que sufre agresiones y linchamientos.

En otras regiones como Cisjordania han iniciado los enfrentamientos y con ellos las víctimas. En varios lugares del planeta los ciudadanos se manifiestan para detener esta guerra de exterminio, exigiendo acciones a una comunidad internacional hasta ahora indiferente. Mientras se continúa a disparar y a morir, el gobierno mexicano debe abandonar su actitud pusilánime y condenar esta guerra.

Síguenos en Google News

¡Suscríbete!
Obtén los beneficios especiales que tenemos para ti.