La Ciudad de México enfrenta una crisis silenciosa: cada año, entre 20,000 y 100,000 hogares —según distintos estudios— son desplazados desde el centro hacia la periferia debido a la escalada desmedida de rentas.
Este éxodo estira la desigualdad urbana hasta sus límites.
Los datos no engañan: la vivienda promedio en CDMX tiene un valor de 3.8 millones de pesos, la más cara del país.
Las rentas de departamentos de dos recámaras en zonas como Granada o Roma cobran entre 37 ,000 y 54 ,000 pesos mensuales, mientras que en la Condesa se elevan un 15 % anual, alcanzando los 35,000 pesos al mes.
En Iztapalapa, también se han triplicado los precios desde 2000.
Pero más allá de números y estadísticas, la realidad arroja rostros y voces.
Alfredo, un joven que dejó un hogar céntrico para mudarse a Coacalco, denuncia:
“Ya no fue solo la renta, fue el costo de todo… el pan costaba 3 pesos, hoy ronda los 10”. 
Angélica, madre soltera con su padre y una niña de 10 años, cuenta cómo ha sido desplazada:
“Donde vivo ya nada baja de 12,000 pesos… ni siquiera en cuartos con techo de lámina”. 
Este éxodo diario agrava el tráfico y estrés, con más de 1.5 millones de desplazamientos diarios desde municipios con viviendas asequibles hacia zonas centrales.
Y no se trata solo de dinero: varios inquilinos aseguran que han gastado hasta el 44 % del salario solo en renta.
El gobierno de Clara Brugada ha reaccionado: la jefa de Gobierno ofrece un plan de 14 puntos que incluye ley de rentas justas, defensoría de inquilinos y 200,000 acciones de vivienda hasta 2030.
Pero estas medidas aún están por verse.
Mientras tanto, la gentrificación avanza: transformaciones modernizantes que dejan a los originarios sin casa ni ciudad.
“No es progreso: es despojo”, remata Alfredo.



