El riesgo del absolutismo es constante en las sociedades pese a los cambios de época y la conformación de los Estados modernos.
Hablar de absolutismo en nuestros días podría suponer en una exageración al considerar que tenemos la percepción de gozar de una democracia moderna.
Sin embargo, en las semanas recientes se ha vivido con mayor fuerza el riesgo que implica la concentración de poder.
Más allá de los debates sobre ideologías populistas o socialistas, en México con la llamada cuarta transformación se vive una regresión en la forma del ejercicio del poder.
Lo cual confirma que la evolución de la sociedad no siempre significa un avance.
En su obra del Anticristo, Nietzsche lo apunta: “La humanidad no representa una evolución hacia algo mejor o más fuerte, o más alto. El progreso es una idea moderna, es decir, una idea falsa”.
Cuando vemos la forma en la que se conduce el presidente Andrés Manuel López Obrador, se observa de facto esa falsa percepción de progreso.
El riesgo del absolutismo
Si bien, en su estrategia de gobierno ha planteado una transformación, ello pasa primero por la destrucción.
Es un proceso doloroso, que se agudiza en un momento en el que el país sufre la mayor crisis de violencia.
En la época absolutista, uno de los graves riesgos para el pueblo fue que el Rey al asumir todo el poder se convertía en el Derecho.
Pese al andamiaje institucional y constitucional de México, hoy el Presidente ha puesto en marcha una centralización del poder, para ser el Poder de los poderes.
Y por ello, ha caído en la lógica de asumirse como el Derecho.
No importa qué digan las leyes porque el Derecho es él.
La exposición de la vida de lujos de su hijo mayor, José Ramón López Beltrán ha expuesto su lado oscuro.
Y de esa manera ha llegado al descontrol que se traduce en los excesos de intimidar a los críticos a su gobierno.
Usar el Estado para exhibir a quienes cree sus enemigos.
El riesgo de seguir por esa ruta es tan grave que ha tenido que ser el gremio de los periodistas el primero en alzar la voz y exigir un freno.
La postura de López Obrador cae en la intransigencia y debe serenarse por el bien de todos.
Lo primero que debe recordar López Obrador es el pensamiento de Lord Acton: “El poder corrompe. Y la posesión del poder absoluto corrompe absolutamente”.
NOCAUT.
La actitud hostil de López Obrador contra los periodistas se replica ahora en el Poder Legislativo.
Los colegas han tenido que dejar de cubrir las actividades de los senadores de Morena.
Ello se debe a que cercan a los reporteros, cerraron el pleno en el Senado, sacaron a los compañeros de los palcos.
Todo con el objetivo de que no se graben las discusiones.
El Canal del Congreso quita el sonido de las protestas de la oposición.
Incluso el fin de semana pasado hubo agresiones contra tres compañeros.
No deben seguir las agresiones a la prensa desde el Estado.
¡Abrazos, no periodicazos!



