Dos opciones

El tráiler

Dos opciones

 


Para El Siglo de Torreón que celebra ¡100 años de independencia!


México tiene una fortísima cultura autoritaria que plantea un dilema a quienes nos expresamos en medios:

O nos sometemos al gobernante en turno o le decimos lo que pensamos.

Esto se ha manifestado en dos historias paralelas:

La de la prensa subyugada a la voluntad de los gobernantes y la de los medios que optan, desde la diversidad, por ejercer la libertad de expresión.

Cada una tiene su lógica y enfrenta las consecuencias.

En esta ocasión recupero evidencias sobre aquellos medios y periodistas que durante el último siglo fueron construyendo lo que en estos años se ha convertido en uno de los principales muros de contención de los autoritarismo y las corrupciones.

​Cuando terminó la Revolución mexicana, los presidentes Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles intentaron doblegar a los medios independientes.

Fracasaron porque los periodistas tenían a su favor haber combatido a las dictaduras de Porfirio Díaz y Victoriano Huerta.

Una batalla poco conocida fue el cierre impuesto por el gobernador de aquel estado a El Diario de Yucatán entre 1931 y 1933.

Ganó el periódico siguiendo métodos que todavía se utilizan.

Dos opciones

​Los sexenios de Miguel Alemán y Gustavo Díaz Ordaz fueron particularmente difíciles: ablandaban a los periodistas con prebendas y dinero (los famosos “chayotes”).

Y los intimidaban, golpeaban y asesinaban los matones de la Dirección Federal de Seguridad (es el caso de la revista capitalina Presente a la que dejaron sobrevivir unos cuantos meses).

En 1976 inicia otra etapa.

Cuando Luis Echeverría orquesta el atentado contra el Excélsior de Julio Scherer García, los periodistas afectados, en lugar de bajar el perfil, crearon otros medios con el apoyo de aquella parte de la sociedad que valoraba la independencia.

Los espacios se extendieron, aunque al poco tiempo nos cambiaron la ecuación.

En 1984, asesinos de la DFS ejecutan a Manuel Buendía.

Ahí inicia un periodo infinitamente más complicado porque aparece un Estado paralelo formado por criminales apadrinados por políticos poderosos.

Pese a esos y otros obstáculos, la prensa crítica ha tenido un florecimiento espectacular durante el siglo XXI.

Y eso me lleva a las tensiones actuales entre el Presidente y la prensa crítica.

Desde Palacio ha ido subiendo el volumen de la crítica.

¿Mercenarios?

Ahora se nos acusa de ser mercenarios vendidos a los conservadores sin asumir, jamás, la paradoja de que los principales puntales mediáticos del actual gobierno son las grandes televisoras y las mañaneras, un poderoso medio de comunicación pagado con recursos públicos.

Estamos construyendo la arquitectura del nuevo sistema político.

El Presidente actúa como si la hechura del país futuro les correspondiera única y exclusivamente a los partidos políticos y en especial al movimiento que encabeza.

Quienes defendemos la independencia de la prensa nos contentamos con que siga prevaleciendo la pluralidad y con abrir los espacios para la participación social desde la diversidad.

En esta narrativa ubiquemos la Casa Gris de Houston, una historia que va iniciando.

Cuando termine de acumularse la información tendremos respuesta a las dos preguntas que definirán este sexenio:

¿Existe un conflicto de interés en la manera como el hijo del presidente rentó la Casa Gris?

¿Obtuvo Grupo Vidanta de Daniel Chávez un trato privilegiado por su cercanía con el Presidente y su hijo?

La tensión 

En tanto siga escribiéndose este capítulo, continuarán las tensiones entre prensa crítica y Presidencia por ese y mil temas más.

Serán años difíciles porque la debilidad de los partidos políticos ha dejado a la prensa crítica como uno de los principales muros de contención de gobernantes y crimen organizado.

En este enfrentamiento, el periodismo independiente ha demostrado contar con instituciones sólidas, con el respaldo de buena parte de la sociedad y de la comunidad internacional.

Es una etapa que obliga a las definiciones entre las dos opciones.

En mi caso, seguiré apostando por textos basados en evidencia y atendiendo lo que dicen y escriben quienes piensan diferente.

No soy un mercenario de la comunicación y, al igual que muchísimos otros colegas, tengo la legitimidad de haber combatido durante décadas al autoritarismo y la corrupción de priistas, panistas y perredistas.

Ningún adjetivo, por sonoro e hiriente que pueda ser, puede borrar la historia. Hay dos opciones.

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