Declive político opositor

¿Socialdemocracia o liberalsocialismo?

El debate generado en torno a la XXIV Asamblea Nacional del PRI celebrada ayer domingo que reeligió a su actual dirigencia hasta 2032 reformando los estatutos para la centralización de las decisiones estratégicas en un pequeño grupo, evidenció la profunda crisis existente al interior de esa vieja organización política. El mismo fenómeno de rechazo se observó durante la reciente reunión del Consejo Nacional Extraordinario del PAN donde su dirigencia asumió la derrota en el pasado proceso electoral.

El establecimiento de una Comisión Especial para el análisis de los resultados electorales, el diagnóstico del partido y del país, se ofreció como un paliativo para postergar el reclamo de renovación inmediata de la dirigencia de esa desgastada organización. Por su parte, la desaparición del PRD del escenario político dejó sin cobijo a una parte del electorado de izquierda, situación que ahora desea capitalizar el denominado Frente Cívico que en su reunión de este sábado, propuso la creación de una nueva organización partidaria. Sin embargo, la exigua presencia de ciudadanos independientes en su primera reunión pública, se contrapone frontalmente con la dominancia de la vieja clase política que busca acomodo en esta iniciativa. Lo nuevo no puede nacer de lo viejo.

Así las cosas, lo más destacado de estas reuniones de evaluación de la oposición al gobierno actual es, sin duda, la ausencia de una verdadera autocrítica sobre los errores cometidos no solo en el pasado proceso electoral, sino a lo largo de su evolución. Las prácticas político-partidarias de los últimos tiempos vienen a confirmar el agotamiento de esta modalidad organizativa en las sociedades contemporáneas. Se confirman las predicciones realizadas por Max Weber cuando definía a los partidos como el «patronazgo de las oficinas», por su propensión a ocupar y a usar en su beneficio la administración y los servicios públicos por medio de prácticas clientelares y de corrupción.

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«En el PRI no se juega», advierte Alejandro Moreno/ declive-politico-opositor

El sociólogo alemán consideraba que los partidos se desempeñan principalmente como máquinas para la selección de los jefes políticos. La experiencia comparada enseña que los partidos convencionales produjeron ciudadanos que desdeñan la política, favoreciendo el desarrollo de las oligarquías y de la democracia del descontento.

 Actualmente, los ciudadanos se encuentran profundamente desmotivados y con la impresión de no poder controlar su destino colectivo con medios democráticos. Por ello, muchas veces consideran recurrir a mecanismos no democráticos para hacerse escuchar. Los partidos tradicionales se transformaron abandonando la “membrecía intensa” con que nacieron, para adoptar esquemas de “liderazgo intenso” cada vez más elitista.

Su función degeneró rápidamente claudicando a la aspiración a una democracia representativa para concentrarse en una democracia delegada. Los partidos en nuestro país se dirigen a la obsolescencia producto del 1 X: @isidrohcisneros 2 agudo verticalismo que caracteriza su conducción gerencial. Los partidos tradicionales manifiestan serias dificultades para interpretar las necesidades de los ciudadanos y por el contrario, crece la percepción social de que solamente privilegian sus intereses, son ineficientes y oligárquicos, además de que se encuentran burocratizados y afectados por la corrupción.

Urgen nuevos caminos frente al declive generalizado de los viejos partidos mexicanos. Ellos son necesarios a condición de que se reinventen y se abran a la sociedad. La exploración de las posibilidades alternativas debe vincularse con el sentido de la realidad. Actualmente, existe la prepotente necesidad de nuevos ejercicios de imaginación política y ética sobre los partidos y las instituciones en general. Por ello, es necesario focalizar los fines y no solamente los medios. La partidocracia da por asumidos los fines evitando su discusión, sustrayéndolos de la controversia y del debate público. Sin embargo, es justamente en el ámbito de las finalidades donde se definen los lineamientos esenciales sobre los modos de la convivencia y los órdenes institucionales. Si se mantienen los viejos esquemas organizativos no habrá sombra de futuro en nuestro presente.

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