Amor en la CDMX

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Luis Eduardo Velázquez Director del diario y semanario digital Capital CDMX

La Ciudad de México refrendó su vocación de izquierda en las urnas el pasado 2 de junio.

Y el triunfo de Morena se explica porque el presidente Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum, presidenta electa de México, lograron la unidad del movimiento.

Morena unido, jamás será vencido.

Sólo que en este 2024, el miedo de perder su bastión los obligó a poner atrás sus diferencias y movilizaron al sector popular.

Son unos 3 millones de electores de la Ciudad de México que reciben algún apoyo social, que aunque es un derecho, en la mente del ciudadano está la idea de la paternidad de los programas que iniciaron con López Obrador.

De ahí la famosa frase, “amor con amor se paga”. Los capitalinos devolvieron la cortesía a Morena.

Pero no fue un asunto que sorprenda a quienes han venido observando la realidad de la CDMX.

En 2021, López Obrador advirtió que la CDMX se había perdido porque se habían alejado del pueblo.

Y es que en esas fechas, la política social era desastrosa por el cambio de la pensión de la ciudad a la Federación.

En ese momento, el Presidente dio la instrucción de afianzar los programas sociales de la Secretaría del Bienestar.

Desde 2022 fuimos testigos de cómo se ordenó la política social e incluso eso motivó que creciera la imagen de Ariadna Montiel, quien había asumido el control de la Secretaría.

Sin embargo, su trabajo fue eficaz al no meterse en materia electoral sino en hacer que los programas sociales llegaran a quienes les corresponden de manera ágil. Fue eficiente y eficaz en la ejecución del mandato del Presidente.

Y por supuesto que ese trabajo se tradujo en una fuerte estructura territorial en toda la CDMX.

Dos territorios donde más se observó esa fuerza fue en Iztapalapa y Álvaro Obregón. Fue un movimiento silencioso que afianzó la fidelidad del sector popular a Morena.

Asimismo, como artífices del triunfo están otros nombres de operadores políticos de altura como René Bejarano, Alejandro Encinas y Marcelo Ebrard, quienes refrenadaron que unidos como en Iztapalapa en 2009 son implacables.

Representan un proyecto de izquierda progresista que en 2012 puso a la CDMX a la vanguardia.

Y amenazan con retomar esa senda con la llegada de Clara Brugada. Si mantienen la unidad, continuará el proyecto que quedó trunco por las divisiones internas de hace 12 años.

NOCAUT.

El PAN se consolidó en la CDMX como la segunda fuerza, pero para crecer y algún día gobernar la capital del país debe abrirse de forma real al sector popular.

Los capitalinos no merecen una oposición de nómina encerrada en una burbuja de redes sociales.

¡Abrazos, no periodicazos!

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