Ciudad de México.- Pink Floyd, una banda que ha vendido 300 millones de discos, cuyos miembros, en palabras de Aubrey Powell, fundador del equipo de diseño Hipgnosis, responsable de sus famosas portadas, se las apañaron para ser “invisibles como individuos”.
El museo londinense busca repetir el éxito que cosechó la que dedicó a David Bowie en 2013, saciará la curiosidad de los fans de la banda con más de 350 objetos: cartas, libros, pósteres, fotografías, instrumentos y todos los fetiches imaginables.
A través de una recreación de la furgoneta Bedford el visitante entra, como Alicia a través de la madriguera, en el Londres subterráneo de finales de los sesenta. Empezandó un recorrido cronológico que alcanza la cumbre con Dark side of the moon, de 1973, el visitante es invitado a reflexionar sobre la grandeza del artefacto en una sala oscura decorada con una especie de holograma de la mítica portada de la pirámide y el prisma de luz.
Para mantener el climax, los comisarios reparten por el resto de salas fetiches de indudable efectismo, como una reproducción de nueve metros de altura de una de las chimeneas de la estación eléctrica de Battersea, inmortalizada en la portada de Animals (1977). Todo ello, convierte muy apropiadamente la experiencia en algo parecido a uno de esos viajes psicodélicos que alimentaron la imaginación de un grupo irrepetible.



