Por más de nueve horas, el tiempo se midió al ritmo del danzón en la Alameda del Sur.
La música no se detuvo, las parejas no se soltaron y los zapatos —de charol, de dos tonos, de suela firme— dibujaron en el piso círculos que parecían invocar otra época.
Fue un domingo que se convirtió en un reloj de pasos, en el que más de 2,600 personas participaron en el “Maratón del Danzón”, un evento sin precedentes organizado por la alcaldía Coyoacán.
Desde el primer grito de “¡Danzón dedicado a…!” hasta el último acorde de “La Pajarera”, el lugar se transformó en un salón de baile a cielo abierto.
Cinco orquestas —entre ellas la histórica Danzonera Acerina y la Danzonera Yucatán— se encargaron de mantener encendido el espíritu de generaciones enteras que encontraron en este género un puente entre el ayer y el presente.
No faltaron los vestidos largos, los sombreros de ala ancha, los pasadores de perla ni la bisutería brillante que parecía competir con el sol.
La Alameda se volvió una postal viva: niños bailando con abuelos, turistas siguiendo los pasos con torpeza encantadora, y vecinos que no fallan un solo domingo a las “Tardes de Danzón”.
El alcalde Giovani Gutiérrez Aguilar celebró la hazaña con fe notarial, recordando que Coyoacán no es solo patrimonio, es energía cultural en constante movimiento: “Lo que se destina a la cultura no es gasto, es inversión”, afirmó.
Este maratón fue más que un evento: fue una coreografía colectiva contra el olvido, un testimonio de que la tradición también puede romper récords. Porque como bien dice el alcalde, “Coyoacán es imparable”… y, al parecer, también inolvidable.


