Aunque no tuvo una relación diplomática directa durante su presidencia (2010–2015), Mujica visitó México en diversas ocasiones, donde fue recibido con entusiasmo por universidades, medios y movimientos sociales. Fue condecorado con el Doctorado Honoris Causa por instituciones como la Universidad Iberoamericana y la UNAM, reconociendo su trayectoria ética, su discurso en favor de la paz y su estilo austero de gobierno.Mujica despertó especial simpatía entre sectores progresistas mexicanos, al convertirse en símbolo de una política distinta: honesta, sobria y centrada en el bienestar colectivo. Su crítica al consumismo, su historia como exguerrillero encarcelado por más de una década y su capacidad de reconciliación lo convirtieron en referente moral para muchos en la izquierda mexicana.
Durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, Mujica expresó apoyo y simpatía por el mandatario mexicano, destacando su estilo popular y su lucha contra la desigualdad. En varias entrevistas, reconoció a México como un país fundamental en América Latina, con un “pueblo generoso y de grandes contradicciones”.
Mujica no solo fue admirado en México; él también admiró a México: su historia revolucionaria, su cultura y su gente. En sus propias palabras, “México es una síntesis de lo mejor y lo peor de América Latina. Pero tiene el alma para cambiarlo todo”.
Hoy, aún tras su partida su figura sigue inspirando en el país, como símbolo de que otro tipo de política —más humana, más honesta, más humilde— sí es posible.