Un evangelio de reforma social



Ciudad de México.- Concebido originalmente como un ambicioso proyecto de “Constitución Moral” necesaria para dar una justificación ética e ideológica a la acción política del régimen, finalmente se presentó una modesta “Guía Ética para la Transformación de México” que ha generado polémica por su contenido y ha sido objeto de críticas por sus profundas contradicciones.



Los humanos distinguimos lo que es de lo que no es, lo hermoso de lo horrible, lo deseable de lo indeseable, lo bueno de lo malo, lo que es de lo que debería ser, y de todas estas facultades, la última es la más radicalmente social.



Por ello, requerimos de una filosofía pública sobre nuestro mundo común sustentada en el pluralismo de las creencias que es multicultural y que se encuentra orientado hacia un universalismo ético.



Pero esto, es muy diferente de la transición moral que promueve el gobierno.



La ética es una disciplina filosófica que tiene por objeto la acción humana así como los valores que la caracterizan o que deberían caracterizarla.



El término, derivado del griego “ethos”, significa costumbre y algunos lo conciben como equivalente de la moral.



Aquí es donde radica el problema. La ética no puede asimilarse a la moral porque se refiere a los valores colectivos, en tanto que la moral se relaciona con los valores de la conciencia individual.



Mientras que la moral tiende a ser particular por sus objetivos, la ética tiende a ser universal por la abstracción de sus principios.



Algo es “moral” cuando se opone a lo “inmoral” o contrario a ciertas normas y costumbres, y a lo “amoral” donde no existen tales principios y prácticas. De la misma forma, algo es “ético” cuando es contrario a cualquier conducta que carece de razón y a la que llamamos “injusta” o “sin ley”.



Uno de los fundamentos clásicos de la ética, cuyo origen se encuentra en los sofistas griegos, señala que la virtud puede ser explicada en función de las reglas que permiten vivir en sociedad.



La virtud no está ligada con el derecho de nacimiento -como ocurría en la antigüedad- sino en el hacer coincidir los comportamientos funcionales con las necesidades sociales, proyectando así la coincidencia entre virtud y observancia de la ley.



Sócrates consideraba que la virtud se identifica con el conocimiento y la ciencia, porque “la acción malvada es fruto de la ignorancia”.



Por su parte, Aristóteles afirma que la ética es la “acción en el campo de los bienes humanos” y que la felicidad es el fin de la conducta racional.



Este acento en la sabiduría lo comparte Kant cuando afirma: “actúa en modo de que la máxima de tu voluntad pueda valer como principio de una legislación universal donde las personas sean tratadas como un fin y nunca como un medio”.



La Guía Ética, elaborada por un grupo de propagandistas presidenciales quienes no se distinguen por sus talentos intelectuales y cuyo comportamiento cotidiano está muy lejano de los principios que pregonan, es un compendio de moralina inoportuna, superficial y falsa que busca dar lecciones de moral a los demás sin una mínima reflexión sobre la conducta del gobierno.



Además, muestra el cúmulo de confusiones, desorientaciones y pérdida de sentido que prevalecen actualmente. Requerimos una transición ética, pero ella no vendrá de una visión dogmática que pretenda imponer un “nuevo orden moral”, asumiendo una visión catastrófica del orden político y dotada de una conveniente ceguera sobre las miserias del populismo. El autoritarismo siempre busca moldear moralmente a las sociedades.



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Twitter: @isidrohcisneros

  • Isidro Cisneros

    Isidro Cisneros

    Doctor en Ciencia de la Política por la Universidad de Florencia, Italia. Licenciado en Sociología por la Universidad Nacional Autónoma de México. Licenciado en Derecho por la Universidad La Salle del Pedregal. Fue diputado de la Asamblea Constituyente de la CDMX.