Señora sociedad

Ciudad de México.- El México de 2016 cumple con los requisitos tras las grandes transformaciones: un régimen debilitado, nuevos actores y un ambiente internacional favorable al cambio.

Me centro en los dos primeros. Gobiernos y partidos no han sabido, querido o podido enfrentar los grandes males nacionales. Encubren su desconcierto con silencios y cinismos aunque entre ellos sí hay quienes entienden la gravedad del momento y están abiertos a interactuar con una sociedad que, por su parte, empieza a encontrar una vez más los cauces y las dirigencias capaces de interpretar y canalizar la inconformidad social.
La corrupción, la violencia y la impunidad sobreviven porque forman un armazón bien trenzado. Es una trinidad detestable, casi inexpugnable. Somos mayoría quienes la rechazamos pero la inconformidad ha carecido de fuerza por su atomización. Esto empieza a modificarse. La iniciativa ciudadana de la Ley 3de3 contra la corrupción ha obtenido apoyos e interlocuciones poco comunes en el Senado. Lo mismo está pasando en el tema de la inseguridad.

Para protestar contra la violencia a las mujeres, el pasado domingo hubo marchas en 27 ciudades. No fueron multitudes, es cierto, pero la salida a la calle del movimiento feminista es significativo por su larga experiencia en la organización, la protesta y la propuesta.
Esta reaparición tiene un potencial enorme porque la lucha a favor de los derechos de la mujer cuenta con liderazgos bien consolidados y organismos civiles por todo el país.

Un día después de las marchas empezó una reunión de académicos en la Universidad del Claustro de Sor Juana.
Durante tres días han discutido el papel de la academia ante una de las “más graves crisis en materia de derechos humanos” de la historia nacional. La iniciativa, surgida del departamento de Derecho de la Universidad Iberoamericana, apareció en un momento adecuado porque universidades y centros de investigación de todo México están comprendiendo que tienen una obligación y que son de las pocas instituciones que mantienen el respeto de las mayorías.

Si prospera la emergencia universitaria, puede desencadenarse un fenómeno de participación ciudadana poco común. Su base material y sus presupuestos les permiten un trabajo de mediano y largo plazo que, por cierto, ya se ha plasmado en propuestas de políticas públicas. En cubículos universitarios nació la fundamentación jurídica para la Ley 3de3 y también ahí se armó el caso que provocó la flexibilización en la política oficial hacia la marihuana.

Las universidades también pueden convertirse en puente entre las instituciones del Estado y la sociedad, aprovechándose para ello de su legitimidad en la comunidad y de su capacidad de interlocución con políticos y funcionarios.
La reunión académica en el Claustro de Sor Juana podría convertirse en parteaguas si supera varios obstáculos. El primero es acordar una coordinación permanente entre instituciones.

El segundo es elaborar una agenda de propuestas mínima que permita acercamientos con las diversas vertientes de la sociedad civil organizada. Si las feministas, los activistas, los académicos y la gente de fe se unen, entonces el impacto puede ser enorme, sobre todo si también consideran mecanismos para la incorporación de los centenares de miles, de los millones de personas deseosas de hacer “algo” para enfrentar los grandes males nacionales. Dejo para el final el espinoso tema del centralismo.

Tanto el mayor contingente a la marcha convocada por el feminismo, como el encuentro de académicos se dio en la capital. Es natural que así fuera porque la Ciudad de México tiene la mayor densidad de tejido social positivo del país y porque en la capital nacieron las iniciativas de la transición que vivimos. Para logar una organización nacional de académicos debe vencerse la tendencia centralista a dominar los procesos y acercarse como iguales a las instituciones del interior.
Uno de los grandes enigmas de las ciencias sociales es detectar cuando una brisa a favor del cambio puede transformarse en huracán. Aun cuando sea difícil y riesgoso hacer pronósticos sostengo que están dadas las condiciones para una etapa de movilizaciones capaces de forzar la mudanza que los partidos y los gobiernos han sido incapaces de encabezar y llevar a cabo.

Las instituciones sociales pueden convertirse en el sujeto del cambio. Bienvenida, una vez más, la señora sociedad civil. Se le extrañaba.

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Colaboró Maura Álvarez Roldán.