Semana de DH



A la memoria de Jorge Bustamante, colega y amigo.

Ciudad de México.- Como el Presidente es incapaz de entender al complejo movimiento de derechos humanos, toma el camino fácil de la descalificación.



El martes 30 de marzo, el Departamento de Estado norteamericano presentó al Congreso el informe anual sobre la evolución de los derechos humanos en el mundo. La parte sobre México es severa y el presidente Andrés Manuel López Obrador llegó irritado a la mañanera del miércoles. Aprovechó una pregunta sobre la epidemia de Covid para desahogarse con una interrogante y una condena. “¿Por qué el gobierno de Estados Unidos opina sobre cuestiones que sólo competen a los mexicanos?” Después quedó claro que se refería a la mención crítica sobre la directora de Notimex, Sanjuana Martínez, soportada en estudios hechos por Artículo 19, una organización de la sociedad civil (OSC), a la cual descalificó por pertenecer al “movimiento conservador que está en contra nuestra”.



Una de las consecuencias de la Guerra de Vietnam y de Watergate fue la aprobación por el Congreso de Estados Unidos de una ley que obliga a la elaboración de dichos informes. Desde 1976 aparece esta serie documental, útil para observar la evolución de ese tema en la política exterior de la potencia.



Es un documento con el punto de vista del Departamento de Estado que, pese a su tendencia liberal, en ocasiones incluye omisiones intencionadas (por ejemplo, minimizar el uso cotidiano de la tortura por el gobierno mexicano durante la Guerra Sucia).



El documento que provocó el enojo presidencial tiene 35 cuartillas a espacio sencillo. Es un texto sólido y equilibrado que cita informes públicos del gobierno mexicano, de OSC y de organismos multilaterales. Su tesis central es que las violaciones a los derechos humanos se derivan de la “impunidad y las extremadamente bajas tasas de enjuiciamientos”. Entre los ejemplos que da están los “ataques [en redes] a periodistas”. Por otro lado, también reconoce que los “observadores internacionales consideraron las elecciones de 2018 libres y equitativas” y reconoció que no hay “restricciones gubernamentales a la libertad académica o la realización de eventos culturales”.



No es la primera vez que estos informes molestan al Presidente en turno. Una solución de fondo sería que el gobierno de la 4T pida al Congreso que controla, aprobar una ley ordenando a la Secretaría de Relaciones Exteriores elaborar un informe anual sobre el respeto a los derechos de los ciudadanos mexicanos viviendo en el país vecino. Hay precedentes. Desde 1998 la República Popular China emite un informe sobre la situación de los derechos humanos en Estados Unidos.



Las dependencias de la 4T tuvieron reacciones diferenciadas. La CNDH guardó un incomprensible silencio ante el informe y las palabras del Presidente. En el extremo opuesto se colocó la Junta de Gobierno del Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, que integrada por dependencias oficiales y un consejo ciudadano reconoció la labor de Artículo 19. Dado que el Mecanismo depende de Gobernación, ¿estamos ante un deslinde tácito de la postura presidencial por parte de Alejandro Encinas y Olga Sánchez Cordero?



Independientemente de ello, se confirma la percepción de que el actual gobierno carece de una política integral y un compromiso homogéneo con los derechos humanos. Al igual que lo observado con el Movimiento Feminista, no hay una política de Estado y cada dependencia y funcionario se posiciona y avanza o retrocede como puede y quiere. Un desorden paralizante.



Esta interpretación se afianza entre las víctimas. El domingo 28 de marzo —décimo aniversario de la creación del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad— Javier Sicilia Zardain aseguró que “al igual que para Calderón y Peña Nieto, para López Obrador –un hombre que cabe perfectamente en el mismo saco al cual dice no pertenecer—, las víctimas no existen”.



Los derechos humanos se le están indigestando al Presidente y a su administración. Atrás quedaron los días de sonrisas y esperanzas de que, finalmente, llegaría un gobierno que daría prioridad a las víctimas. Resulta natural y lógico que el poeta cerrara su alocución con un exabrupto cargado de dolor y enojo: “Seguimos estando hasta la madre”.



@sergioaguayo



Colaboró Sergio Huesca Villeda

  • Sergio Aguayo

    Sergio Aguayo

    Académico y analista. Nació en Jalisco y creció en Guadalajara. En 1971 llegó a la ciudad de México a estudiar la licenciatura en Relaciones Internacionales en El Colegio de México. Realizó la Maestría (1971), doctorado y post-doctorado (1977-1984) en la Universidad Johns Hopkins. Desde 1977 es profesor investigador del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México y tiene el Nivel III en el Sistema de Investigadores. Actualmente coordina el Seminario sobre Violencia y Paz en esa institución.

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