Los muertos de López Obrador



Ciudad de México.- La errática estrategia gubernamental contra la pandemia ha generado una creciente mortalidad entre la población que próximamente alcanzará su peor escenario, estimado por el burócrata encargado de darle seguimiento Hugo López-Gatell, en 60 mil defunciones.



A ello se suma el medio millón de personas contagiadas desde que inició la peor crisis sanitaria de nuestra historia. Pero no se trata solamente de las decenas de miles de muertos que aún deben contabilizarse, también habrá que poner en la cuenta de los saldos negativos para el país a las millones de personas que perdieron su empleo, a las decenas de miles de pequeños y medianos negocios que al no recibir apoyo alguno se fueron a la quiebra, así como a los millones de jóvenes que se vieron obligados a desertar de las escuelas en todos los niveles, algunos por falta de recursos económicos y otros por carecer de la mínima infraestructura para tomar clases a distancia.



Está pendiente un profundo balance sobre la incompetencia gubernamental para enfrentar la conjunción de las crisis sanitaria, económica y social.



López Obrador se lamenta por los muertos e incluso ha decretado minutos de silencio en su memoria pero a pesar de estas hipocresías, la historia dará cuenta de la obstinación con la que rechazó usar el cubrebocas y promover el uso masivo, de su insistencia por invitar a la población a salir a la calle en medio de la pandemia y del escarnio público al que sometía a los pocos funcionarios que sugerían el uso de esta simple pero eficaz medida de contención epidemiológica.



Los contrastes de la fallida estrategia resultan evidentes. Por ejemplo, Japón que tiene una población de 126.5 millones de personas pero que impuso el uso obligatorio del cubrebocas reporta poco más de mil muertos, mientras que México con una población equivalente de 124.7 millones de habitantes, este fin de semana rebasó los 52 mil fallecidos.



No se requieren sesudos análisis científicos para demostrar la utilidad de esta elemental medida sanitaria desdeñada por el gobierno federal.



México se encuentra entre los países más afectados del planeta, ocupando el tercer lugar por número de muertos solamente después de Estados Unidos y Brasil.



Es mentira que la curva de contagios se haya aplanado y aún debemos esperar los temidos rebrotes epidémicos. Los indicadores básicos del Covid-19 están aumentando y eso incluye a los diagnosticados, los hospitalizados, los ingresados a terapia intensiva y por supuesto a las defunciones.



El discurso oficial es de triunfalismo sin autocrítica. La segunda ola de contagios se asoma en el horizonte sin que los errores del manejo gubernamental de la epidemia hayan sido identificados o corregidos. Además, la gestión de los datos es un desastre por su evidente manipulación política. Vamos de mal en peor.



No basta con exigir la renuncia por incompetencia de López-Gatell, las fuerzas democráticas opositoras deben promover una evaluación internacional sobre la gestión mexicana de la pandemia.



Es importante un examen independiente para identificar la utilidad de las medidas adoptadas y sobre todo de aquellas no adoptadas que pudieron haber evitado miles de muertes.



Evaluar el manejo de la epidemia es importante para analizar la pertinencia de las respuestas ofrecidas. Ciertamente la crisis del coronavirus ha afectado a todos los países, pero las reacciones del lopezobradorismo no coinciden con las que resultaron eficaces en otras latitudes. Es urgente evaluarlas para salvar vidas y porque la pandemia aún continuará por largo tiempo.



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Twitter: @isidrohcisneros

  • Isidro Cisneros

    Isidro Cisneros

    Doctor en Ciencia de la Política por la Universidad de Florencia, Italia. Licenciado en Sociología por la Universidad Nacional Autónoma de México. Licenciado en Derecho por la Universidad La Salle del Pedregal. Fue diputado de la Asamblea Constituyente de la CDMX.