Los desaparecidos: la barbarie y el desafío



Ciudad de México.- Las desapariciones forzadas son uno de los delitos más graves, no prescriben, porque tiene carácter continuado, y representan un reto para cualquier Estado.



Las personas no localizadas en México llegaron a las 73 mil 218 en julio de 2020. La mayoría de ellas volverá a su casa o se conocerá su paradero, ya que muchas se ausentaron por voluntad, dejaron de comunicarse con sus familiares o murieron en accidentes y sus cuerpos no fueron identificados en su oportunidad.



Uno de los problemas más delicados, sin embargo, es la franja que tiene que ver justamente con el delito de desaparición forzada y que implica la participación de algún elemento del Estado: policías, soldados, funcionarios, que, por comisión u omisión, participaron en la privación ilegal de la libertad de una persona.



Uno de los casos más notorios es el de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, quienes fueron detenidos por policías municipales, por órdenes del alcalde y luego entregados a sicarios del crimen organizado.



Las investigaciones suelen ser complejas. Muchas veces quienes indagan son los responsables de los hechos o tienen incentivos para favorecer a los perpetradores.



México fue condenado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en 2009 por la desaparición de Rosendo Radilla en 1974, detenido en un retén militar en Atoyac, Guerrero y ya no se supo más de él. Es un caso relevante, por su significado, pero pasaron 35 años.



Cientos de guerrilleros corrieron la misma suerte en los años setenta y ochenta y suman una lista macabra y en la que está establecida la participación de diversas corporaciones y en particular de la Dirección Federal de Seguridad y la Brigada Blanca.



Desde 2006 el problema de las desapariciones se profundizó, pero eso otro, no responde a la lógica represiva del Estado, sino a la acción criminal, muchas veces motivada por la implantación del control territorial.



Por ello los criminales comenzaron a secuestrar a sus rivales para asesinarlos posteriormente. En muchos casos los cuerpos fueron desperdigados o disueltos en ácido, por lo que es muy compleja su localización.



A ello hay que sumar los miles de hombres y mujeres que cayeron en manos de estos bandidos y de los que ya no se sabe más, aunque sus familiares los buscan con ahínco y determinación.



El Comité de Desaparición Forzada de la ONU podrá investigar en nuestro país. No es que vaya a buscar a los desaparecidos, sino que se ocupará de denuncias puntuales y que configuren el tipo penal.



Todo ayuda, es verdad, pero ahí no está la solución, sino uno más de sus remedios.

  • Julián Andrade Jardí

    Julián Andrade Jardí

    En la actualidad soy periodista y consultor. Escribo en diversos medios y entre ellos Forbes, La Crónica de Hoy y Etcétera. En La Razón me desempeñé como columnista y editor jefe. En Milenio trabajé como coordinador de información y en La Crónica de Hoy como subdirector. Dirigí Newsweek en español. En el ámbito de gobierno, fue coordinador general de comunicación social en el gobierno de la Ciudad de México y en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de Federación. Soy autor de la novela "La lejanía del desierto" y coautor, con Jorge Carpizo, de "Asesinato de un cardenal".