Los Zetas y su herencia en Camargo



Ciudad de México.- Los Zetas irrumpieron en el mundo del narcotráfico a finales de los años noventa y lo cambiaron todo.



El origen de esta organización criminal son tres decenas de militares que fueron destacamentados en Tamaulipas, como integrantes del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFES).



La idea parecía adecuada: contar con elementos preparados que tuvieran altas capacidades operativas y líneas de mando estrictas.



La misión principal era combatir al Cártel del Golfo y a su líder, Osiel Cárdenas Guillén.



Todo salió mal y el jefe del narcotráfico reclutó a los Gafes, quienes se convirtieron en desertores del Ejército, y se integraron a su escolta.



Con la detención de Cárdenas Guillén, Los Zetas comenzaron a experimentar una mutación que los convirtió en un equipo capaz de “alquilar” sus servicios y eso hicieron, liberando presos en las cárceles y ejecutando a blancos específicos.



Antonio Lazcano, el Z3, se dio cuenta de que no tenían que depender de nadie y es así como empezaron a actuar por su cuenta, dejando el negocio de las drogas, como actividad central, para establecer toda una estructura de extorsiones a la sociedad.



En algunos lugares, como en Michoacán, surgieron grupos para contenerlos, como fueron los Caballeros Templarios y la Familia Michoacana, que también se convirtieron en el eje de las actividades criminales.



Los Zetas establecieron un reinado de terror que fue necesario enfrentar con dureza y que explica la violencia de los últimos años del siglo pasado y la estrategia del gobierno federal para contenerlos.



Hay que señalar que su expansión fue proporcional a las debilidades institucionales y las demoras para enfrentarlos. Es una lección que debe aquilatarse para no cometer los mismos errores que en el pasado.



En la actualidad Los Zetas están debilitados, pero algunas algunos de sus integrantes formaron organizaciones igualmente perniciosas con el Cártel del Noreste (CDN), que está implicado en el asesinato de 19 personas, muchas de ellas guatemaltecas, en Camargo, Tamaulipas, la semana pasada.



Son crueles y por tanto sanguinarios y en eso reconocen toda la escuela de quienes los inspiraron en el pasado. Son un grupo que requiere de acciones especiales en su contra, que deben combinar la obtención de información de inteligencia que permita desarticularlos y someterlos a la justicia.



Con el CDN pecar de ingenuos le puede salir muy caro a los gobiernos y, de paso, a la sociedad.



Esta vez quemaron migrantes y lo volverán a hacer, porque el mensaje que ellos dispersan es el del terror que permite someter a la sociedad y pasmar a la autoridad.

  • Julián Andrade Jardí

    Julián Andrade Jardí

    En la actualidad soy periodista y consultor. Escribo en diversos medios y entre ellos Forbes, La Crónica de Hoy y Etcétera. En La Razón me desempeñé como columnista y editor jefe. En Milenio trabajé como coordinador de información y en La Crónica de Hoy como subdirector. Dirigí Newsweek en español. En el ámbito de gobierno, fue coordinador general de comunicación social en el gobierno de la Ciudad de México y en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de Federación. Soy autor de la novela "La lejanía del desierto" y coautor, con Jorge Carpizo, de "Asesinato de un cardenal".

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