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Las mañaneras



Ciudad de México.- Las mañaneras son un ejercicio de comunicación sin precedente y una radiografía del presidente, de los medios y de las relaciones entre ambos.



Carlos Pozos acostumbra llegar a las 4.30 a.m., para agarrar lugar en primera fila y hacerle preguntas peculiares al presidente (el punto de ignición de la molécula, por ejemplo). El 8 de mayo, Pozos cedió el micrófono al político y empresario peruano Ricardo Belmont, quien lanzó una retahíla de conceptos sueltos, salpicados de alabanzas al presidente: usted “¿de qué madera está hecho?”, usted es “una gran esperanza” para América Latina, “usted probablemente se adelanta 10 jugadas” al resto de los mortales, etcétera. AMLO respondió resumiendo sus tesis y Belmont cerró el intercambio con un “Dios lo bendiga… presidente”. Consumieron 25 minutos, la tercera parte de una mañanera.



Brozo reaccionó, asegurando en su programa de radio, que había un “elenco fijo” y una "preproducción" y se refirió a Pozos, dándole la “palabra a otro cabrón que casualmente le está besando los huevos a Andrés Manuel”. Criticó directamente a comunicación social de la presidencia: “como quieren llegarle a la perrada, al pueblo, a la masa y la masa es corriente y es ignorante y no exige porque no conoce, entonces le puedes vender una mierda”. Una parte de las redes sociales respondió con ferocidad: “vulgar”, “corriente”, “ofensivo”, “irrelevante”, “vendido”.



Víctor Trujillo presentó a Brozo en 1988 en el Bar Guau. El muchacho nació hocicón. Cuando vio a dónde llegaba, le mentó la madre al público, denunció el fraude electoral de aquel año y se burló de Carlos Salinas de Gortari. Así ha seguido, provocando e increpando, recogiendo aplausos e insultos y utilizando a plenitud, una libertad de expresión que defiendo, porque pese a sus ocasionales excesos, toca asuntos de fondo: ¿se manipulan las mañaneras?



Hay una creencia muy extendida entre periodistas, de que en las mañaneras se siembran preguntas para alabar o cucar al presidente y que, un instrumento es el periodismo digital de los “youtuberos”. Luis Estrada ha convertido a SPIN–Taller de Comunicación Política en la enciclopedia cuantitativa de esas ruedas de prensa. Me confirma por teléfono que el “40% de las preguntas las hacen medios digitales” y que es habitual que se tomen “preguntas de una primera fila ocupada casi siempre por los mismos”.



Los “youtuberos” son recién llegados al periodismo nacional. Carlos Pozos abrió su cuenta de twitter en marzo de 2019 y tiene más de 1,900 seguidores. Julio Hernández López entrevistó en Radio Centro a otros dos habituales de la primera fila. Rafael Herrera aceptó que “como Youtuber llevo 6 meses y que jamás había hecho lo que estoy haciendo ahorita”; aspira a crear una “cartera” que le genere “dividendos”. Sandy Aguilera subrayó que “no estamos comprados, no somos chayoteros”.



El presidente ya salió a negar “montajes” en ese espacio y expresó su “respeto” por Brozo y el coordinador de comunicación social de la presidencia, Jesús Ramírez Cuevas, le aclaró a Manuel López San Martín que “no hay ningún acuerdo para sembrar preguntas o darle la palabra a alguien”.



Completé la evidencia disponible platicando con ocho periodistas de colmillo retorcido y llego a conclusiones tentativas. Las mañaneras son un experimento en comunicación, en el que coexisten el periodismo habitual con el de las redes sociales y en donde hay margen para sembrar preguntas y total libertad para preguntar lo que se quiera. Ahora bien, quien critique al presidente –en ese u otros espacios– se arriesga a un linchamiento en redes, a veces auténtico y en parte orquestado. Dentro de ese revoltijo sobrevive la auto-censura interesada o comprada (los enviados de las televisoras tienen instrucciones de tratar con terciopelo al presidente).



Se trata, por supuesto, de hipótesis de trabajo acerca de un microcosmos ideado y manejado por el presidente. Cada mañana –de lunes a viernes– en un salón de Palacio Nacional se codean el servilismo con la crítica, los veteranos medios tradicionales con los recién llegados, el idealismo con el oportunismo. Un experimento útil para detectar las cambiantes relaciones entre sociedad, prensa y poder como parte de una obra con desenlace incierto.

@sergioaguayo

Colaboraron: Mónica Gabriela Maldonado Díaz y Zyanya Valeria Hernández Almaguer.

Etiquetas CDMX Brozo AMLO Sergio Aguayo Morena

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