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Sustentabilidad

La urbanización impide filtración de 68 millones de metros cúbicos de agua al acuífero cada año, alerta especialista de la UNAM

Ciudad de México.- Uno de los efecto que dejó el sismo de 195 y que podría repetirse en la actualidad, es la urbanización desproporcionada de áreas que sirven para la recarga del acuífero, como los pedregales de Coyoacán y la zona de piedra volcánica a las faldas del volcán Xitle (Tlalpan). Ahí, se han dejado de filtrar hasta 68 millones de metros cúbicos de agua de lluvia al año, por el crecimiento de la mancha urbana, alertó el académico Luis Zambrano González.

El especialista del Instituto de Biología de la UNAM expuso que debido al terremoto de hace 32 años, la población que vivía en el centro de la Ciudad cambió su residencia y prefirió asentarse en lugares de suelo más firme y menos vulnerable a los movimientos telúricos.

Así, agregó que en el área surponiente de la Ciudad hace 32 años se filtraban hasta 70 millones de metros cúbicos de agua al acuífero somero; hoy se filtran tan sólo 2 millones de metros cúbicos.

Este escenario, lamentó, propicia el agotamiento del acuífero, la contracción de arcillas y los hundimientos en algunas zonas de la capital del país, pero sobre todo hace más vulnerable a la Ciudad de México ante los sismos.

El investigador de la UNAM participó este lunes en el Seminario “Tras los sismos de septiembre: la reconstrucción a debate”, organizado por el Instituto Belisario Domínguez del Senado de la República.

Como parte de la mesa “Los sismos ocurridos en septiembre de 2017”, el investigador del Instituto de Biología recordó que la sobre explotación del acuífero de la Ciudad ha generado hundimientos en algunas zonas de la Ciudad de hasta 40 centímetros por año.

Zambrano consideró que en este nuevo escenario de reconstrucción no debemos cometer los mismos errores de hace 32 años, como mandar el cascajo a zonas de reserva ecológica, como ocurrió en 1985 cuando el material de demolición se llevó a Xochimilco.

Se cuestionó la efectividad de medidas como las casas antisismo que anuncia el gobierno de la Ciudad, edificadas con madera. Se cuestionó de dónde saldrá la madera para construir esos hogares, sin que ello genere un problema ecológico grave para la capital del país.

Proyecto con Japón

En esta mesa del Seminario, Víctor Manuel Cruz Atienza, investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM, destacó el desarrollo de un proyecto con duración de cinco años que realiza la máxima casa de estudios con universidades de Japón, el cual costará 6.7 millones de pesos y que pretende reducir los riesgos que pueda generar un sismo grande en la brecha sísmica de Guerrero donde no han ocurrido grandes terremotos desde hace mucho tiempo.

El proyecto concluirá el 2021, agregó, y contempla el monitoreo de una zona donde si bien no ha habido sismos, sí requiere el despliegue de medidas preventivas para detectar el potencial sísmico. Se colocarán instrumentos que miden la deformación de la corteza terrestre como producto de la convergencia en las placas tectónicas.

El 10 de noviembre, detalló, zarpará el buque oceanográfico de la UNAM denominado “Puma”, para desplegar la red oceánica que permitirá la generación de escenarios hipotéticos de futuros terremotos con base en esa información. Además, se podrá saber que tan grande puede ser un tsunami asociado a un sismo y mapas plausibles de inundaciones.

Sobre el financiamiento, Cruz Atienza dijo que la mayoría de los recursos, con dos terceras partes, provendrá de la Agencia de Cooperación Internacional Japonesa y lo que sería el Consejo de Ciencias y Tecnología de aquella nación. De parte de México, colaborarán la UNAM, el Cenapred y el Conacyt.

“Quería ilustrar cómo el gobierno japonés está poniendo mucho más dinero en la protección de los mexicanos que el gobierno mexicano. Estoy muy agradecido, sobre todo con la UNAM, que está brindando un apoyo extraordinario para que esto tenga lugar, pero aun así ha sido difícil. Hemos sometido muchos proyectos para complementar esto que no ha pasado”, dijo el investigador.

El investigador dijo que hoy la iniciativa privada ha generado aplicaciones para tener nuevos sistemas de alertamiento, más allá de los sistemas de alerta oficial. “No se puede permitir que iniciativas privadas, me refiero a cualquier individuo, de gente que no sabe, comiencen a instalar instrumentos en el país pretendiendo alertar. En cinco años veo un escenario muy oscuro, que se puede traducir en la muerte de miles de personas, de gente que tenga cinco alertas y sólo dos funcionen y otras lo hagan cuando no tengan que funcionar. Eso va a generar mucha confusión”, consideró.

Dijo que debe consolidarse una alerta sísmica nacional y que sea un consejo de expertos que tomen las decisiones.

Etiquetas CDMX Acuífero Mancha urbana UNAM Sismo

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