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La palanca

Washington, D.C.- Las acciones que emprenda el nuevo secretario de Relaciones Exteriores serán determinantes para el éxito o fracaso de algunas prioridades de la Cuarta Transformación. Y con ese supuesto, nos guste o no, el cambio pasa por los Estados Unidos.
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?La semana pasada se presentó ante el Senado el secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray. En la Cámara Alta le insistieron en el encuentro entre el candidato Donald Trump y el presidente Enrique Peña Nieto en agosto de 2016 y el descuido mostrado hacia los mexicanos en los Estados Unidos. Los abordaron por separado cuando tienen vasos comunicantes.
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?El senador independiente Emilio Álvarez Icaza fue el primero en intervenir. Hizo una crítica directa: “La visita de Donald Trump –dijo– fue un agravio a la conciencia nacional”, de la cual responsabilizó a Videgaray diciéndole que “pasará a la historia […] como la persona que expuso a su Presidente y a su país a una gran vergüenza”.
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?Videgaray asumió la “responsabilidad”; fue una visita “apresurada [que] tuvo consecuencias dolorosas y graves” y que provocó su “renuncia como secretario de Hacienda y Crédito Público”. Sin embargo, fue un error con final feliz porque “haber establecido una relación” con Trump y “su equipo de trabajo” (y eso incluye, por supuesto, al primer yerno de la Casa Blanca) “generó condiciones de interlocución que solo México tenía” lo que desembocó en el nuevo acuerdo comercial.

?Videgaray optó por compartir los laureles al elogiar la participación “creativa y propositiva del doctor Jesús Seade representante del Presidente electo”. Andrés Manuel López Obrador, por cierto, presume del papel que jugó: “todavía no hemos tomado posesión de la Presidencia, y se contribuyó a lograr este acuerdo, que permite certidumbre para la economía nacional”.
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?Es notable que la Cámara Alta aceptara tácitamente una lectura incompleta. Me encuentro en Washington desde hace días y he conversado con personajes cercanos al proceso. Reconocen la labor de México, pero añaden otras dos explicaciones tras las concesiones de Trump: el cabildeo de poderosos grupos económicos –estadounidenses y mexicanos– a favor del acuerdo y el respaldo que éste recibió del establishment de seguridad.
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?Independientemente del peso específico que se quiera dar a los factores, hay una conclusión inevitable: en los grandes cambios históricos pesa el apoyo o rechazo que se genere en los Estados Unidos. El ejemplo más obvio es la guerra contra el crimen organizado. Para contenerlo y disminuirlo, el nuevo gobierno deberá reducir el suministro de armas y eso dependerá de que México lo incluya en un debate que acá rehúyen. Esto conduce al segundo tema tratado por los senadores.
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Gina Andrea Cruz Blackledge (PAN) le reclamó a Videgaray la “baja en la atención a nuestros connacionales” y Clemente Castañeda (MC) subrayó que los “migrantes mexicanos sienten que su gobierno ha estado prácticamente ausente”. Videgaray se defendió elogiando el esfuerzo de los 50 consulados y la embajada. Es indudable la abnegación de algunos funcionarios, pero la norma en este tema ha sido el interés episódico de funcionarios, políticos o dependencias; nunca una política de Estado.
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?¿Podrá, sabrá, querrá, el nuevo gobierno incorporar esta variable para apuntalar las reformas de fondo que intentarán en el interior? En sí, se trata de reconocer el protagonismo potencial que tiene la diáspora mexicana dispersa por el mundo y que, su mayor densidad, se encuentra en los Estados Unidos.

?El nuevo gobierno heredará el trabajo realizado hasta ahora con el Instituto de los Mexicanos en el Exterior y la Red de Talentos. Si añadimos las organizaciones creadas por nuestros connacionales, están sentadas las bases para un diálogo que permita al nuevo gobierno hacer una cartografía sobre las capacidades reales y potenciales. Si le dan tiempo y recursos a una política de Estado, están puestas las condiciones para que empiece a expresarse en los Estados Unidos un lobby mexicano. Ello modificaría los términos de una relación que debe ponerse al día.

?En síntesis, en Estados Unidos la diáspora mexicana puede ser la palanca o el muro donde florezcan o mueran algunas de las políticas prioritarias del nuevo gobierno. En unas cuantas semanas sabremos si renacerá la política exterior.

Twitter: @sergioaguayo
Colaboró: Mónica Gabriela Maldonado Díaz.

Etiquetas CDMX Sergio Aguayo Donald Trump Luis Videgaray

Sergio Aguayo

Académico y analista. Nació en Jalisco y creció en Guadalajara. En 1971 llegó a la ciudad de México a estudiar la licenciatura en Relaciones Internacionales en El Colegio de México. Realizó la Maestría (1971), doctorado y post-doctorado (1977-1984) en la Universidad Johns Hopkins. Desde 1977 es profesor investigador del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México y tiene el Nivel III en el Sistema de Investigadores. Actualmente coordina el Seminario sobre Violencia y Paz en esa institución.

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