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Editoriales

La derrota

?A la memoria de Rosario Green, colega y amiga

Ciudad de México.-Sobre el destape flota la atmósfera de la derrota. El Grupo Atlacomulco disimula con sonrisas su fracaso y transforma en su abanderado a un representante de la tecnocracia que tanto repudiaron.

Los tecnócratas, economistas formados en el exterior, se apoderaron del poder político a mediados de los años ochenta. Quien fuera corresponsal de The New York Times, Alan Riding, describió en unas líneas el desplazamiento de las élites políticas tradicionales: "Acostumbrados a saborear el pasado, improvisar el presente e ignorar el futuro” los políticos se despertaron un día para darse “cuenta que eran gobernados por planificadores”. En los veinte años que los economistas manejaron el timón nacional hicieron cambios estructurales sí, pero dejaron intactas, la desigualdad y la corrupción.

?Los dos presidentes panistas Vicente Fox y Felipe Calderón preservaron lo heredado y le añadieron una sangrienta guerra. Prepararon el escenario para el regreso del PRI más atrasado: el Grupo Atlacomulco.

La eficacia fue la principal bandera de Enrique Peña Nieto. Tanto que en el libro que firmó, México, la gran esperanza, las únicas palabras que siempre aparecen en negritas son Estado Eficaz. La fórmula para lograrlo, repetía el ahora presidente, era con la restauración del presidencialismo, con la unidad del partido y con mayorías estables en el Congreso. Peña Nieto también se definió a sí mismo como “un pragmático al que le importan los resultados”. Con ese criterio, sale reprobado de su gestión como presidente.

La desigualdad se mantuvo, la corrupción floreció, la seguridad empeoró y sigue sin saber cómo manejar las relaciones con los Estados Unidos de Donald Trump, síntoma más claro de que la derrota es evidente. Impuso, al viejo estilo, la candidatura de un representante de la tecnocracia que tiene a su favor no ser priista y proyectar una imagen de integridad y honestidad.

Las bases priistas han reaccionado con entereza y disciplina. ¿Pondrán el entusiasmo y las ganas que se requieren para levantar una candidatura que inicia en tercer lugar? Los primeros indicios no son promisorios. En la época dorada del presidencialismo –en frases comunes en aquellos años, “en el día indicado ni antes ni después”–se alzaban las trancas para que los sectores salieran en tropel a la casa u oficina del ungido. El lunes pasado Meade fue quien visitó los sectores del PRI. La forma es fondo.

?El reto del candidato priista es enorme por la profunda insatisfacción ciudadana con la gestión priista y por dos circunstancias que pondrán a prueba su honestidad e integridad. La primera será el tipo de relación que establecerá con quien lo nombró. Es difícil ir dando explicaciones sobre los hechos incómodos. Meade y Margarita Zavala comparten la difícil tarea de poner distancia sin romper con sus respectivos presidentes.

Margarita sigue enredándose cuando toma una posición respecto a la estrategia bélica de Felipe Calderón y Meade, tendrá que resolver la manera de distanciarse de un presidente que intentará manejar las elecciones. Según relatan Raymundo Riva Palacio y Roberto Rock en sus columnas para El Financiero y El Universal del 27 y 28 de noviembre, Enrique Peña Nieto ha presumido en cenas recientes que él sí “sabe ganar elecciones”.

?¿Hasta dónde operará el presidente un proceso ya calificado como “elección de Estado”? Es un término asociado con la utilización de enormes cantidades de recursos públicos para convencer a los votantes pobres y obtener la buena voluntad de algunos medios de comunicación. Es un concepto que recuerda el sometimiento al régimen de la trinidad de árbitros electorales –Instituto Nacional Electoral, Tribunal Electoral y Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales.

?Está por verse la manera como José Antonio Meade maneja esos y otros dilemas que pondrán a prueba la consistencia de su indudable integridad y honestidad. Por el momento, terminemos el análisis en el cierre de un ciclo histórico. Con su destape dejan el protagonismo los políticos profesionales y el Grupo Atlacomulco reconoce su impotencia y entrega la responsabilidad de preservar el poder a un representante de la tecnocracia. Huele a derrota. ?

Twitter: @sergioaguayo

Colaboró Mónica Gabriela Maldonado Díaz.

Etiquetas CDMX José Antonio Meade PRI

Sergio Aguayo

Académico y analista. Nació en Jalisco y creció en Guadalajara. En 1971 llegó a la ciudad de México a estudiar la licenciatura en Relaciones Internacionales en El Colegio de México. Realizó la Maestría (1971), doctorado y post-doctorado (1977-1984) en la Universidad Johns Hopkins. Desde 1977 es profesor investigador del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México y tiene el Nivel III en el Sistema de Investigadores. Actualmente coordina el Seminario sobre Violencia y Paz en esa institución.

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