La cárcel y el presidente



Ciudad de México.- Nunca un presidente de Colombia había sido sujeto a un arresto y algunos de ellos vivieron en el filo de la ley, sobre todo en los momentos más álgidos del conflicto interno, del combate a los narcotraficantes y de la irrupción del paramilitarismo.



En Colombia muchas carreras políticas han estallado por los aires luego de revelaciones comprometedoras, escuchas telefónicas y amistades riesgosas. En particular pertenecer a las áreas de seguridad ha sido siempre un riesgo en términos legales.



Pero ahora le tocó a Álvaro Uribe, uno de los políticos más importantes y el referente de la derecha en aquel país y un aliado del presidente Iván Duque. A Uribe se le acusa de soborno y fraude.



Pasará la reclusión en alguna de sus propiedades, ya que por el momento no es considerado responsable, pero sí está implicado en una trama en la que se intentó que algunos paramilitares retiraran acusaciones en su contra. El grado de responsabilidad, la culpabilidad y la inocencia es lo que se determinará en el futuro, el que luce bastante incierto para quien gobernó Colombia de 2002 a 2010.



El caso inició con una acusación contra el senador Iván Cepeda de Polo Democrático que fue revertida y ahora tiene contra las cuerdas al dirigente de Centro Democrático.



A Uribe siempre lo ha perseguido el fantasma del paramilitarismo y en cierto punto es normal, porque él representa el ala más dura de crítica a los grupos rebeldes y en particular a las FARC.



Uribe hizo de la seguridad un paradigma de su gobierno, estableciendo el retorno a la tranquilidad, pero a un costo demasiado alto.



La seguridad democrática resulto un referente en un momento en que Colombia salía de los momentos más duros, del tiempo de los asesinatos políticos de alto impacto y de las bombas en los lugares públicos.



Le tocó el remanente que venía de las batallas entre el cartel de Medellín y el de Cali, del narcoterrorismo que Pablo Escobar desató para no ser extraditado a Estados Unidos.



Colombia está partida y desde hace muchos años, por una guerra que duró décadas y dejó una estela de muerte y de agravios. El proceso de paz no ha significado, todavía, un arreglo desde la propia memoria colectiva y existen dudas y distorsiones sobre lo que en realidad se consiguió al firmar un acuerdo con la que era la guerrilla más antigua del continente.



Las FARC, además, eran ya un grupo ligado al narcotráfico y que utilizó el secuestro como una forma de financiamiento. Desde las zonas que estaban bajo su control, se producía droga y se abastecía a los cárteles locales e inclusive a los mexicanos.



Colombia es un espejo, un retrato de lo que puede ser el futuro en un momento en que la polarización y la división avanzan en todo el continente, con todo lo que ello implica.

  • Julián Andrade Jardí

    Julián Andrade Jardí

    En la actualidad soy periodista y consultor. Escribo en diversos medios y entre ellos Forbes, La Crónica de Hoy y Etcétera. En La Razón me desempeñé como columnista y editor jefe. En Milenio trabajé como coordinador de información y en La Crónica de Hoy como subdirector. Dirigí Newsweek en español. En el ámbito de gobierno, fue coordinador general de comunicación social en el gobierno de la Ciudad de México y en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de Federación. Soy autor de la novela "La lejanía del desierto" y coautor, con Jorge Carpizo, de "Asesinato de un cardenal".