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La CDMX vive muy mal momento en materia de seguridad, señala experto

Ciudad de México.- Contrario a las cifras alegres que los titulares de la policía capitalina y la Procuraduría General de Justicia presentaron ayer en sus comparecencias ante la ALDF, el director del Observatorio Nacional Ciudadano de Seguridad, Justicia y Legalidad, Francisco Rivas Rodríguez, sentencia: “La Ciudad está viviendo un muy mal momento en materia de inseguridad”.

De entrada, acusa, en la capital del país hay una epidemia de homicidios dolosos, además de que otros delitos de alto impacto como el robo con violencia, el robo a casa habitación, el robo a transeúnte y a negocio registran una tendencia a la alza desde 2014.

Rechaza que la aplicación del nuevo Sistema Penal Acusatorio sea la causa de que exista un aumento en la incidencia delictiva y que, por ese sólo hecho, 12 mil reos que salieron de prisión se dediquen per sé a cometer delitos, como en su momento lo argumentó el Jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera. Dice que echarle la culpa al nuevo sistema de justicia penal es reconocer que las fallas están dentro de las propias instituciones.

“El 2016 termina como un año violento y es innegable porque los números son oficiales. Es el segundo peor año en homicidio doloso en tasas desde 1997”, dice Rivas Rodríguez en entrevista concedida a Capital CDMX.

Explica que en 1997 la tasa de homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes fue de 10.98 de estos ilícitos. Para 2016 esa tasa fue de 10.78 asesinatos.

“La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece que una epidemia de homicidio se presenta cuando se supera la tasa de 10 homicidios por cada 100 mil habitantes. Superarla quiere decir que estamos en esa epidemia”, explica el director de esta asociación civil.

En marzo pasado, Francisco Rivas presentó en conferencia de prensa el Reporte anual de incidencia delictiva 2016 de la Ciudad de México, realizado con cifras oficiales, en donde destacó que durante el año de evaluación cuatro de los nueve delitos analizados (homicidio doloso, robo a casa habiación, robo a negocio y robo a transeúnte) incrementaron el número de carpetas de investigación reportadas por la PGJDF respecto al año inmediato anterior.

El número de carpetas de investigación por homicidio doloso pasó de 854 registros en 2015 a 952 en el 2016, lo cual significó un incremento de 11.48%. En cuanto a robo a casa habitación, los registros para este ilícito pasaron de 5 mil 561 carpetas de investigación en 2015 a 6 mil 285 en 2016, es decir, incrementó 13.02%. En 2015 se reportaron 14 mil 418 carpetas de investigación por robo a negocio; para 2016 este número incrementó a 15 mil 425 registros, es decir 6.98%. El número de carpetas de investigación por robo a transeúnte pasó de 17 mil 302 reportes en 2015 a 18 mil 885 en el 2016, lo cual significó un aumento de 9.15%.

El Observatorio midió otros delitos de alto impacto, que registraron una reducción. El número de registros para homicidio culposo disminuyó 12.58% con respecto al año inmediato anterior, pasando de 787 a 688 en 2016. El secuestro del fuero común, bajó 16.36% pasando de 55 registros en 2015 a 46 en el 2016. El registro de extorsión se redujo 4.85%, al pasar de 639 carpetas de investigación en el 2015 a 608 en el 2016. El número de carpetas de investigación por robo con violencia pasó de 23 mil 710 registros en 2015 a 21 mil 483 en 2016, disminuyendo 9.39%. En 2015, se registraron 12 mil 615 carpetas de investigación por robo de vehículo y en 2016, 11 mil 658, es decir, bajó 7.59%. En el 2015, se registraron 711 carpetas de investigación por violación; en el 2016, 569, disminuyendo 19.97%.

El Reporte destaca que el caso de la delegación Cuauhtémoc es de atención urgente, pues es segundo lugar en homicidio doloso, en homicidio culposo y robo a casa habitación; quinto en secuestro y robo de vehículo. Aún más, si se comparan los datos en tasas por cada 100 mil habitantes de esa demarcación con el resto de los municipios de todo el país, la delegación ocupa el primer lugar nacional en robo a transeúnte, segundo en robo a negocio y 14 en robo con violencia.

Cuando Rivas Rodríguez presentó estos resultados, estaba a punto de suscribir un acuerdo con la PGJDF para la clasificación y registro de delitos, así como para su sucesiva publicación. A partir de ese momento la Procuraduría canceló las citas y la posibilidad del convenio sin una explicación clara y convincente para ello.

Más allá de esta reacción de las autoridades de procuración de justicia, Francisco Rivas dice que lo que queda claro es el comportamiento de la delincuencia en la capital del país y de que el alza en los ilícitos mencionados no obedece a un asunto coyuntural.

“Coyuntural nos haría pensar que sucedió algo y que por lo tanto tienes un repunte.La incidencia delictiva puede estar relacionada con algo, con una captura hasta el cierre de un penal o la desarticulación de una banda, algo que generó una descomposición particular en la Ciudad. En la ciudad esto no es así, por eso digo que estos cuatro delitos empiezan a crecer en 2014 y así se han mantenido, y ha sido un crecimiento paulatino, constante, con un comportamiento a la alza.

Se considera que un delito tiene un comportamiento a la alza cuando por lo menos por tres periodos consecutivos mantiene la misma tendencia. Es un tema ya de una serie de debilidades institucionales, de problemáticas sociales que evidentemente están jugando en contra de las condiciones de seguridad de la Ciudad”, explica el director del Observatorio.

-¿Hay una manera de explicar esa alza?-, se le pregunta.

-Pues hay diferentes factores. Un factor que no podemos dejar de ver es que la Ciudad está inmersa en un contexto nacional. El homicidio está a la alza en el país, era de esperarse que también se reflejara en las condiciones locales, no sólo en la ciudad sino en muchas entidades. Encontramos coincidencias, que en las alzas en delitos en lo nacional y la Ciudad hay una descomposición social, hay una lucha por territorios de bandas y que los delincuentes han encontrado este momento de quiebre para empezar a luchar unos contra otros y tratar de hacerse dueños de un territorio.

Otro aspectos que también tiene que ver con cuestiones nacionales es que al país han ingresado y siguen ingresando ilegalmente un número importante de armas y esas armas se comercian ilegalmente en la ciudad de México con mucha facilidad, y no ha habido ni un combate sólido desde la Federación y desde las autoridades locales a este comercio en lo local. Eso va a generar condiciones de violencia.

Otro aspecto, que tiene que ver con cuestiones regionales es que la Ciudad está rodeada por entidades que tienen una problemática importante de inseguridad y violencia como es el caso del Estado de México y de Morelos. Sabemos que en las dos entidades enfrentan problemas en materia de secuestro, en materia de homicidio y robo.

El estado de México hace dos años dio de baja a un número importante de policías por cuestiones de corrupción. Esos 5 mil policías que no van a ser reinstalados y que difícilmente van a encontrar otro trabajo podrían haberse involucrado, algunos, en actividades criminales. El estado de México está viviendo una crisis de violencia muy importante en este sexenio y eso, era de esperar que contaminara a la Ciudad de México.

La Ciudad de México tiene un problema de corrupción que no se ha atendido adecuadamente, porque vemos la tolerancia de la policía hacia acciones delincuenciales o algunas acciones que nos hacen pensar que los policías conocen del tema y no están actuando. La falta de acción puede obedecer a una serie de complicidades o de tolerancia de la autoridad o de una debilidad institucional para no poder actuar, porque no cuenta con la solidez en la investigación y en la forma para demostrar la comisión de los delitos que al final genera este descontrol.

P: ¿Qué tan grave es el tráfico de armas en la Ciudad?

R: Desafortunadamente los datos son especulativos. Existe información de Small Arms Survey que nos dice que en todo el país hay alrededor de 11 mil armas ilegales. No tenemos elementos suficientes para afirmar si esas 11 mil armas ilegales son muchas o son pocas respecto a las que realmente hay o dónde están distribuidas.

P: Hace unos días el Jefe de Gobierno sí metía el asunto de la inseguridad en un contexto coyuntural. Él decía que era por el Sistema Penal Acusatorio que se tenía esta incidencia delictiva ¿qué opina al respecto?

R: El homicidio empezó a crecer en 2014, cuando no estaba plenamente implementado el sistema de justicia. El otro aspecto es que esto no empata totalmente con la clasificación y el desglose que la Procuraduría hace de los motivos de los homicidios. Por riñas y venganzas personales nos hablan de un 30 por ciento a un 40 por ciento del total de los homicidios. Esto difícilmente tiene que ver con el nuevo sistema de justicia penal.

El otro aspecto es que si aún fuera posible de que el nuevo sistema de justicia penal está poniendo en libertad a los delincuentes, no es el sistema el que está poniendo en libertad a los delincuentes, sino la incapacidad de las autoridades por demostrar que se cometió un delito, por llevar a cabo un debido proceso, por respetar los derechos del imputado y ser probo al momento de llevar a los delincuentes frente a una autoridad judicial, que es lo que pone en jaque al nuevo sistema.

P: El hecho de que por el nuevo sistema de justicia penal salgan 12 mil personas de la cárcel ¿eso no lleva a pensar que esos 12 mil están delinquiendo?

R: No, muchas de esas 12 mil personas están afuera porque quizás no tendrían por qué estar adentro. Sabemos que la comisión de pequeños delitos o infracciones o sembrado de pruebas ha llevado a que muchas personas pisen la cárcel; entonces no necesariamente y eso me parece muy aventurado, decir que la alza a robo a transeúnte, robo a casa habitación o los homicidios las están cometiendo esas 12 mil personas.

Y si es así, entonces lo primero que yo pensaría es qué bueno, porque entonces tienes todos los datos, la media filiación o deberías tener la información de ADN de esas personas a las cuales detuviste y te permitiría demostrar con mucha más facilidad el involucramiento en otros delitos y por lo tanto poderlos sancionar.

P: ¿Una justificación muy fácil echarle la culpa al nuevo sistema de justicia penal?

R: Me parece que es desafortunado, porque una autoridad lo que debe hacer es preocuparse por fortalecer las políticas de prevención que ayudan a un sistema como es el nuevo sistema de justicia penal, y una autoridad debe estar preocupada porque exista una solidez en la conducta de los colaboradores en las áreas de seguridad y justicia. Insisto, echarle la culpa al nuevo sistema de justicia penal de alguna manera es reconocer que las fallas están dentro de tus propias instituciones.

P: ¿Y eso es así? ¿Las fallas están dentro de las propias instituciones de seguridad?

R: Indudablemente. Acercarse a una institución de procuración de justicia es revictimizar a las víctimas. Levantar una denuncia es recibir maltratos y amenazas, porque dicen que si no se puede demostrar un delito el que va a acabar en la cárcel es el denunciante. Tampoco hay investigación, ni un ejercicio por tratar de reparar el daño a la víctima.

Cuando sus propios números demuestran que tienen un incremento en los delitos, lo primero que deberían hacer es admitirlo, reconocerlo, y de ahí moverse para resolverlo.

P: ¿Qué nos espera como ciudadanos ante ese panorama, en dónde pareciera que el Sistema es débil?

R: Lo que pasa es que el sistema no es débil. El nuevo sistema de justicia adversarial sí es un avance para todos los mexicanos, principalmente en un contexto en donde históricamente a las personas se les han sembrado pruebas, se les ha culpado de delitos no cometidos, se les han violado sus derechos y se les han aplicado sanciones, esas sanciones no han sido proporcionales y han acabado generando mucho más daño a la sociedad que beneficios, el nuevo sistema es mucho mejor que el sistema tradicional.

A parte, lo que podemos agregar sobre eso, el nuevo sistema lo que hace es que pone en evidencia lo que antes no era evidente. Hoy, el nuevo sistema de justicia penal, por sus tiempos, por su transparencia, desnuda las debilidades e incapacidades de las instituciones. Insisto, el problema no es el sistema, son los operadores del sistema.

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