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Karla, el legado de una heroína anónima

Ciudad de México.- A sus 11 años de edad, Karla fue una de las niñas más afectadas por el terremoto del 19 de septiembre en la Capital CDMX.

Ha pasado un mes de la tragedia y la pequeña no concibe su condición de orfandad.

Aunque ella salió ilesa en el temblor, la vida de Karla se sacudió ese martes negro porque Laura, su madre quedó bajo los escombros del Colegio Rebsamen, donde imperó la corrupción y también se cobró la vida de 19 menores.

“Ella ahorita está muy bien, debido a que convivía mucho con su tía y la quiere bastante, no ha sentido de golpe lo de su madre”, asegura Rosa, una de sus tres tías a Capital CDMX.

Sin embargo, recuerda que al enterarse de la muerte de su madre, la reacción de la pequeña fue de coraje. “¿Por qué te fuiste? ¿Por qué me dejaste sola?”, reprochaba Karla en los primeros días de la catástrofe.

Lo que Karla ignora es que su madre fue una heroína anónima y que murió por las negligencia de las autoridades y la corrupción de la delegación Tlalpan.

Heroína anónima

Laura trabajaba de sol a sombra en el Colegio Rebsamen en labores de intendencia y con un sueldo de 4 mil pesos mensuales era el sostén de su padre Filomeno de 62 años y Karla de 11.

El martes 19 de septiembre, Laura llegó a las 8 de la mañana a su centro de trabajo y a diferencia de muchos logró salir ilesa del terremoto, pero no pudo detenerse al escuchar niños atrapados bajo el concreto y corrió a ayudarlos.

En un primer intento puso a salvo a dos menores, pero al regresar por otros dos niños su final fue fatal. Así quedó registrado en un video difundido por redes sociales.

Sus familiares aún no sabían nada de esa historia. De hecho vinieron un calvario porque llegaron desesperados al Colegio en busca de Laura y tras varias horas no encontraban respuesta.

Pasaron varias horas apostados en los escombros y fue hasta más de 12 horas que les comunicaron que Laura murió después de las cuatro de la tarde.

Reconstrucción familiar

Pese a la adversidad, el futuro de Karla no está pedido.

De inmediato, la niña que cursa el sexto grado de educación básica en un centro escolar público ubicado en la Avenida Picachu Ajusco, fue detectada por las brigadas del Sistema Integral para el Desarrollo de las Familias (DIF) de la Ciudad de México, que dirige Gamaliel Martínez.

En un principio, don Filomeno tenía miedo de acercarse a las autoridades porque su hija era madre soltera y al no existir ninguno de sus padres pensó que podrían quitársela.

Gamaliel Martínez explica que el proceso de reconstrucción de familias ha sido una labor delicada por la complejidad de cada caso.

“Karla es una de las 37 menores que quedaron en orfandad, pero ella en orfandad total”, precisa Martínez.

En el programa de Reconstruyendo Familias, dice, lo primero en operar es la terapia psicológica para los familiares de la víctimas.

Karla al no tener padre, llevaba los apellidos de su abuelo y eso ha implicado una serie de trámites jurídicos.

No obstante, Gamaliel Martínez explica que en coordinación con demás dependencias del gobierno de Miguel Ángel Mancera ha garantizado la titularidad a cargo de la menor, quien también ha sido integrada a la red de apoyos económicos y programas sociales de la red Reconstruyendo Familias CDMX: Niños talento, Comedores Comunitarios, entre otros apoyos.

“En un primer momento la teníamos registrada como uno de los niños que habían perdido a uno de sus papás, conforme fuimos avanzando en los trabajos de acercamiento, de identificación, de ir incorporando los programas, detectamos que había sido registrada como hija de una mamá sola, no se tenía reportado a un padre”, recuerda el titular del DIF capitalino.

Según datos del DIF CDMX, además de Karla, otros cuatro menores de cuatro, 12, 14 y 15 años perdieron a sus mamás, quienes también laboraban en la escuela ubicada en la delegación Tlalpan, y ya son atendidos con tratamiento psicológico.

A un mes de la tragedia, Karla ha recibido cinco terapias de evaluación y diagnostico de tratamientos para su desarrollo pleno en defensa de derechos humanos y de la infancia.

El proceso no ha sido sencillo, pero para Karla hay esperanza porque su tía Rosa y su abuelo llevarán su tutela.

“Ahora estamos sin Laura, pero hemos cambiado roles, ahora me toca cuidar a mi sobrinita, y ya lo hablamos entre hermanos. Estamos peleando la custodia de ella, el DIF nos está asesorando”, dice Rosa con serenidad.

Gamaliel Martínez añade que con la finalidad de que la pequeña se desarrolle plenamente, y al estudiar las condiciones y estado de la familia, se le han otrogado recursos tales como beca de estudios y un plan alimenticio basado en despensas y comedor popular, para que el abuelo y la tía puedan apoyarse y hacer frente al nuevo reto.

“Ahora lo que queda es salir adelante, estoy contento y agradecido porque mi nietecita, que considero una hija, estará conmigo, porque soy su familia”, dice don Filomeno, quien piensa regresar a su oficio de carpintero para salir a flote en la reconstrucción de la Ciudad de México.

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