Guillermo Soberón: su tiempo en la tormenta



Ciudad de México.- Hace algunos años lo vi en el estadio Olímpico de Ciudad Universitaria. Manejaba un auto compacto y lo acompañaba su esposa.



Los Pumas, me parece, habían ganado el encuentro.



Así era Guillermo Soberón, sencillo, pero a la vez impactante. Para mi siempre significó una personalidad de contrastes. Duro con el sindicalismo universitario, pero a la vez comprometido con un futuro provechoso para la UNAM.



En los años setenta se opuso con fuerza a la creación de un sindicato académico. Permitió la entrada de granaderos a las instalaciones universitarias para terminar con una huelga y muchos dirigentes terminaron detenidos.



Conocí de la trascendencia y de la dimensión política e intelectual del doctor Soberón gracias a Jorge Carpizo, quien solía, a su modo, colocar las cosas en perspectiva y hacer de la reflexión del pasado algo provechoso, que ayudará al presente y buscando coincidencias en aspectos fundamentales.



El doctor Soberón era un constructor de instituciones y no se engañaba sobre las inclemencias de la política y la necesidad de conducir a la universidad más grande del continente sin sobresaltos.



Llegó a la rectoría en enero de 1973 y concluyó su segundo periodo en el mismo mes de 1981. Para los universitarios esos años significaron transformaciones y tensiones, muchas de ellas provenían de los coletazos de 1968.



La izquierda universitaria era poderosa y formaba parte de un movimiento que empujaría a la reforma política, dando inicio a un largo periodo de transición a la democracia.



Con el rector, no sobra decirlo, estos grupos de universitarios tenían, muchas veces, una relación tormentosa.



El rector Soberón era, además, el líder del poderoso grupo de los médicos y en los hechos un dique para el avance de proyectos y experimentos que ya ocurrían en otros lugares, como los de la universidad popular.



Destacaría que su amplio rectorado permitió que nunca se desbordaran las cosas. Ahora parece claro que ello un sucedería, pero si esto resultó así, fue porque diversos actores, y entre ellos de modo destacado del STUNAM y los académicos que no pudieron hacer su organización, actuaron con responsabilidad y con inteligencia.



El paso del tiempo permite observar todo lo que se edificó para el porvenir de la UNAM, lo que, además, se percibiría también, aunque con distintos matices, en los periodos rectorales de Javier Rivero Serrano, el propio Carpizo, José Sarukhán, Francisco Barnés, Juan Ramón de la Fuente, José Narro e inclusive de otro médico, Enrique Graue.



El doctor Soberón siempre estaba preocupado de los problemas del país y vislumbrando rutas y soluciones. Prueba de ello es su participación en el documento que realizó con otros de sus colegas ex secretarios de Salud para hacer un diagnóstico sobre la pandemia del Covid-19 y apuntar soluciones.



Murió este lunes. Su voz hará falta en esta época cargada de retos y en los que siempre se agradece la sabiduría, pero sobre todo la capacidad de escuchar y dialogar.

  • Julián Andrade Jardí

    Julián Andrade Jardí

    En la actualidad soy periodista y consultor. Escribo en diversos medios y entre ellos Forbes, La Crónica de Hoy y Etcétera. En La Razón me desempeñé como columnista y editor jefe. En Milenio trabajé como coordinador de información y en La Crónica de Hoy como subdirector. Dirigí Newsweek en español. En el ámbito de gobierno, fue coordinador general de comunicación social en el gobierno de la Ciudad de México y en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de Federación. Soy autor de la novela "La lejanía del desierto" y coautor, con Jorge Carpizo, de "Asesinato de un cardenal".