El oscurantismo



Ciudad de México.- En las elecciones de Estados Unidos se aprecian los costos asociados con el oscurantismo (lo más evidente, aunque no es lo único, está en el rechazo del presidente al uso de la mascarilla). Es pertinente, por tanto, reflexionar sobre el papel del conocimiento en México.



?Estaban los senadores de Morena votando para eliminar los fideicomisos, cuando surgió el grito retador (y revelador) de la senadora de Morena, Lucía Trasviña (BCS): “a favor, cabrones”. La provocación era innecesaria, porque se aprobó la moción con 64 votos a favor y 39 en contra.



?La senadora Trasviña reaccionó a las críticas recibidas con un boletín en el cual se entrevista a sí misma. En papel membretado con su nombre informó solemne, que se “buscó a la legisladora morenista [o sea ella misma] para que nos diera su opinión” sobre la utilización del término.



?Para la senadora, la palabra “cabrones” no es “altisonante y [mucho] menos grosera. Es una forma coloquial de referirnos a la existencia y a la astucia dentro de muchas acepciones”. Aprovechó el momento para lanzarse un poquito de incienso y mirra: en “Morena –presumió– somos honestos y transparentes con el lenguaje”. Y eso los distingue de las “expresiones cultas y rimbombantes de los intelectuales orgánicos” que fueron “cómplices de la corrupción sin precedentes en la última década”.



?En las universidades sí hay casos de corrupción y la prueba está en la Estafa Maestra. Se justifica una buena limpieza. Sin embargo, las frases de la senadora Trasviña carecen de rigor y consistencia: generaliza sin demostrar. Eso me lleva al papel de la ciencia en México.



Durante muchas décadas el Estado mexicano financió a la ciencia y a la cultura, aunque salvo excepciones, la mayoría de los gobernantes recurrían a ellas muy poco. México se transforma y ahora sabemos, que una fracción de la 4T está dispuesta a quitarse la máscara y publicitar su menosprecio.



?Es una postura llamativa, porque en el planeta se libra otro capítulo del viejísimo combate entre la irracionalidad y el conocimiento. En el siglo XIX, Hegel sintetizó el asunto en un famoso y brevísimo enunciado: lo “real es lo racional”. El filosofo argumentaba que la legitimidad de la acción pública ya no dependía de los reyes y su derecho divino, sino de la racionalidad científica. México confirma la actualidad de esa frase.



?La comunidad científica tiene la obligación de defender al conocimiento como pilar del buen gobierno y de una sociedad democrática. Una tarea que se subdivide en tres vertientes.



?Asumiendo la atomización del gremio, urge mejorar la comunicación entre colegas y entre instituciones públicas y privadas, profundizar las alianzas con investigadores de otros países y apoyar a los investigadores jóvenes para reducir la fuga de cerebros, categoría en la cual somos campeones latinoamericanos –reportaje de El País del 20 de marzo de 2018.



?Una segunda línea de acción es la inevitable relación con partidos y gobiernos. En la constelación de Morena, hay quienes sí valoran la ciencia. Los senadores Ifigenia Martínez y Germán Martínez, por ejemplo, votaron en contra de la línea de su partido y este último hizo una excelente fundamentación de su voto en contra. Los diez gobernadores de la Alianza Federalista, por su parte, han expresado su respaldo a la ciencia. Falta verificar cuántos de ellos están hablando en serio.



?Dejo para el final un hecho y una tarea muy relevantes. La mayor parte de la sociedad aprueba incrementar los presupuesto para mejorar el conocimiento. En la encuesta nacional de El Financiero (levantada entre el 9 y el 11 de octubre) el 70 por ciento se manifestó a favor de asignar más recursos a la ciencia y a la tecnología.



?A partir de su diversidad, la comunidad científica tiene que difundir más los aportes y relevancia de la ciencia entre gobernantes y ciudadanos. Afortunadamente, el brinco tecnológico impulsado por la pandemia está facilitando esa difusión y un ejemplo es la cantidad de seminarios y charlas en línea. Una ventaja adicional –y nada desdeñable– es que el conocimiento es el mejor antídoto para las diatribas y el odio que emponzoñan el ambiente.



En suma, combatamos el desprecio a la ciencia y a la cultura. Actualicemos y hagamos realidad la frase de Hegel: “lo real es lo racional”.



@sergioaguayo



Colaboró: Anuar Israel Ortega Galindo.

  • Sergio Aguayo

    Sergio Aguayo

    Académico y analista. Nació en Jalisco y creció en Guadalajara. En 1971 llegó a la ciudad de México a estudiar la licenciatura en Relaciones Internacionales en El Colegio de México. Realizó la Maestría (1971), doctorado y post-doctorado (1977-1984) en la Universidad Johns Hopkins. Desde 1977 es profesor investigador del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México y tiene el Nivel III en el Sistema de Investigadores. Actualmente coordina el Seminario sobre Violencia y Paz en esa institución.