Dos años perdidos para México

Ciudad de México.- Este 1 de julio de 2020 se cumplen 24 meses del arribo de López Obrador a la Presidencia de la República. Tras 18 años de permanente campaña electoral y manipulando hábilmente el hartazgo ciudadano sobre un modelo gubernamental deficitario en materia de justica social y con elevada corrupción, supo montarse en una marejada de indignación que le permitió un holgado triunfo en las urnas. Una vez en el poder anunció una “cuarta transformación” que en los hechos se ha convertido en una profunda regresión que ha cancelado muchos de los avances que como sociedad habíamos logrado conquistar con décadas de luchas, reclamos y reformas políticas orientadas a construir un sistema democrático, tolerante e incluyente.

La pandemia del coronavirus vino a desnudar rápidamente las incompetencias de un gobierno de improvisados. Con la mentira como política de Estado entrega resultados negativos en prácticamente todos los órdenes de la vida nacional. Los graves conflictos de interés entre los miembros de su gabinete, la falta de transparencia en la asignación de contratos de obra pública, las denuncias de corrupción que alcanzan a los dirigentes del partido oficial, el acentuado nepotismo entre los integrantes de su primer círculo, así como el uso de exorbitantes recursos públicos para hostigar al periodismo independiente, son elementos distintivos de su gestión. Pero el aspecto más preocupante que la define, es su estrategia para dividir al universo político entre amigos y enemigos. El resultado ha sido una sociedad profundamente polarizada.

La crisis económica es otro de sus legados. Los recortes presupuestales resultan recesivos pero se imponen para impulsar los proyectos insignia de su administración, aunque sean improductivos y afecten al medio ambiente. A ello se suma el declive de la división de poderes y el ataque contra los órganos constitucionalmente autónomos acusados de generar un sistema electoral costoso y de obstaculizar al gobierno con reclamos de transparencia. La defensa institucional de los derechos humanos ha desaparecido y la militarización de la seguridad pública no ha logrado enfrentar a una delincuencia cuyo poder financiero, así como de fuego y organizativo se demuestra cotidianamente. Su control de zonas enteras del país, la ausencia de la más elemental seguridad para los ciudadanos y la evidente colusión a todos los niveles de gobierno coloca a la población en un estado de indefensión nunca antes visto. La ridícula estrategia de “abrazos, no balazos” proyecta a un gobernante que ha perdido contacto con la realidad.

A dos años de haber asumido el poder el saldo es de graves retrocesos en todos los campos que interesan a los ciudadanos. Los diferentes regímenes que han existido en nuestro país sin importar su tendencia, conservadora o progresista, dieron una gran importancia a la ciencia y la cultura. El actual gobierno pretende cancelar a la primera, reduciéndole recursos e imponiendo a funcionarios iluminados que impulsan una absurda distinción entre ciencia conservadora y ciencia revolucionaria; por lo que se refiere a la segunda, destaca que en este gobierno no existen intelectuales que den sustento a su legitimidad. Solo se observan propagandistas de muy mala calidad que más bien hacen daño con sus continuas ocurrencias.

Estos “noroñas de la cultura” son incapaces para ofrecer un nexo creativo entre acción transformadora y reflexión constructiva. Sustituyen la crítica que caracteriza al pensamiento libre con el sometimiento servil al poder. Su verborrea fanática y amenazante es otro de los legados de manipulación, abdicación y corrupción que caracterizan estos dos años perdidos para México.

[email protected]

Twitter: @isidrohcisneros

agitadoresdeideas.com

Imprimir artículo Síguenos en Google News

Post más visitados en los últimos 7 días