Dólares sucios y sistema bancario

Ciudad de México.- Los narcotraficantes utilizan billetes de baja denominación para sus transacciones. Prefieren los de 20 dólares porque son más manejables y no infunden sospecha para ser utilizados.

Las cantidades de dinero en efectivo son inmensas, al grado de que hay momentos en que se tienen que pesar los costales y las maletas, porque no hay tiempo para un conteo detallado.

Son millones y millones de dólares los que proceden de la venta de drogas en las calles y que tiene que regresar a las zonas de trasiego y producción

Esto representa un desafío para las organizaciones criminales y un reto para los policías que tienen la obligación de perseguirlos.

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Por eso es que con el paso del tiempo se han establecido controles en los ingresos en efectivo en el sistema bancario y en particular, en el caso mexicano, de los dólares.

La idea es que aumentando requisitos y controles, se dificulta esa primera etapa del lavado de dinero, la más básica, pero también la que sostiene toda la pirámide del negocio de las drogas y de las otras otras actividades que se desprenden y son también redituables: trata de personas, extorsión y robo de automóviles.

Las otras etapas son más elaboradas y tienen que ver con las inversiones en paraísos fiscales que después vuelven en portafolios que participan en negocios legítimos, pero que no funcionarían sin el dinero que proviene del narcomenudeo.

Es ahí donde las distintas unidades de investigación hacen su trabajo y detectan empresas fachadas que sirven para incrustar las ganancias del narcotráfico en los circuitos de negocios.

El éxito policial consiste en golpear en cada una de las piezas del entramado criminal para tornarlo en poco funcional y complicar las ayudas que suelen obtener de expertos en finanzas y de empresas bancarias de dudosa y no tan dudosa reputación.

El dinero del crimen organizado provoca una alta densidad criminal que no solo se refleja en las actividades delictivas, sino también en las disposiciones de recursos para tareas inclusive de índole social, como las que son frecuentes en las zonas de alta marginación de nuestro país y en estados como Sinaloa o Tamaulipas.

Por eso en la Cámara de Diputados deben evitar que se aprueben los cambios a la ley del Banco de México, ya votados favorablemente en el Senado, que permiten, entre otras cosas, que flujos de divisas sucias puedan entrar a sus arcas y desatar las alarmas en el planeta entero.

A estas alturas, con la enorme impunidad que impera, quizá lo que habría que pedir a los legisladores es no que ayuden, sino que por lo menos no estorben y menos aún en el difícil terreno del combate al lavado de dinero, por todo lo que ello implica.

 

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