Crisis del presidencialismo



Ciudad de México.- Una de las carencias que arroja nuestra contradictoria transición hacia una forma de gobierno plenamente democrático, ha sido la incapacidad histórica de los diferentes actores políticos para establecer contrapesos efectivos al exorbitante poder de que disponen los presidentes. La concentración de “facultades metaconstitucionales” y su preeminencia en el proceso de toma de decisiones políticamente significativas ha sido el obstáculo más importante para el desarrollo de una democracia de calidad en México. Esto ha ocurrido independientemente de la orientación ideológica y programática de quienes han ocupado la silla presidencial.



Los estudiosos de la política en nuestro país han realizado enormes esfuerzos para tratar de entender el tipo de sistema político más adecuado dentro de la variedad de las democracias políticas existentes, pero la mayoría de ellos se han centrado en las pautas del conflicto político y en el tipo de sistema de partidos que se ha configurado. En tal contexto, han prestado poca atención al papel de las instituciones políticas. Por ello, resulta necesario un análisis más sistemático sobre los poderes de los presidentes, la lógica política de los sistemas presidenciales y sus consecuencias en la selección y estilo del liderazgo. Es importante, además, porque distintas reflexiones muestran que en la mayoría de los países con regímenes presidencialistas existen serias dificultades para establecer democracias duraderas.



En los últimos tiempos el análisis sobre los regímenes parlamentarios y presidenciales ha caído en el olvido, estando ausente de los debates contemporáneos sobre el funcionamiento de las instituciones y prácticas democráticas, incluido su efecto en los sistemas de partidos. Es necesario revitalizar esta discusión sobre todo a la luz de las conclusiones de diferentes investigaciones como las llevadas a cabo por el politólogo Juan Linz según el cual: “la mayoría de países con constituciones presidenciales han sido democracias inestables o regímenes autoritarios por lo que no se les ha incluido en los estudios comparativos de las democracias”. En el análisis de la crisis y quiebra de las democracias en muchos países donde prevalece este sistema presidencialista, las variables principales han sido sociales, económicas, culturales y políticas, y prácticamente no se menciona el papel que los factores institucionales desempeñaron en esas crisis.



Aunque los términos presidencialismo y parlamentarismo cubren una amplia gama de fórmulas institucionales políticas, y que su variedad es tal que resulta equívoco generalizar sobre cualquiera de los dos términos, se puede afirmar que algunas alternativas exitosas frente al sistema del presidencialismo monolítico han sido el voto de censura constructivo en Alemania, el régimen semipresidencialista en Francia e incluso, el sistema parlamentario existente en Italia o Inglaterra. Históricamente, el debate entre presidencialismo y parlamentarismo en la región latinoamericana fue opacado por la admiración que produjo la gran república democrática norteamericana y su gobierno presidencial, ignorando en gran medida lo que Woodrow Wilson describió en su momento como el gobierno del congreso.



México necesita urgentemente una profunda reforma constitucional y política. Es decir, de una nueva ingeniería política que limite definitivamente la concentración del poder en manos del presidente para configurar un sistema en el que el poder legislativo tenga mayor peso en el proceso de toma de decisiones. Esto es importante porque nuestra forma de gobierno deriva del modo como se distribuye el poder político entre los órganos supremos del Estado, y porque define el entramado de instituciones y reglas que caracterizan las relaciones entre los ciudadanos y el poder público. En una palabra, entre los gobernados y los gobernantes.



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  • Isidro H. Cisneros

    Isidro H. Cisneros

    Doctor en Ciencia de la Política por la Universidad de Florencia, Italia. Licenciado en Sociología por la Universidad Nacional Autónoma de México. Licenciado en Derecho por la Universidad La Salle del Pedregal. Fue diputado de la Asamblea Constituyente de la CDMX.