Columnistas



Ciudad de México.- El 22 de abril, el presidente acusó a medios y columnistas de no decir “nada bueno del gobierno. Todo malo, todo malo”. Después profirió un lamento sin sustento: “a nosotros nos defienden creo que tres”.



?En realidad, hay docenas de columnistas afines a la 4T escribiendo y hablando en periódicos, radiodifusoras, televisión e internet. Que el presidente los pasara por alto, me llevó a analizar las columnas publicadas por 16 de ellos, en cuatro diarios capitalinos. Los elegí buscando que reflejaran las principales corrientes de la 4T. Diez escribieron con pocos adjetivos, cuatro abusaban de ellos y dos, iban y venían entre las dos actitudes. Aun cuando abordaron una multitud de temas, me centro en la manera como tratan al presidente y a los medios (la lista completa en mi página: www.sergioaguayo.org)



El trato al presidente. Los mesurados ponen distancia con el líder de la 4T absteniéndose de utilizar su nombre (se refieren a él como “presidente” o “jefe del ejecutivo”). No desean, supongo, contribuir al culto a la personalidad. También disienten de sus posturas, proponiendo o defendiendo políticas alternas.



Los indignados elogian abiertamente al presidente,utilizando su nombre completo y ponderan su proyecto que, están convencidos, forma parte de una gran transformación histórica. También lo exaltan asegurando, por ejemplo, que él “no necesita intermediarios” en los medios porque “se comunica de manera directa con la población”.



El trato a medios y columnistas. Los mesurados sí critican a los “adversarios de la transformación” pero en ningún momento se lanzan contra otros columnistas. Y un par de ellos, hasta tienden puentes hacia los adversarios, citando estudios de organismos civiles tachados como “fifís”en las mañaneras.



Los indignados, lapidan con adjetivos a los columnistas críticos de la 4T y a su líder: “perversos”, “deleznables”, “resentidos”, “rabiosos”, “corruptos”, “conjurados”, “mezquinos”, “neoliberales”, “ruines”, “soberbios”, “reaccionarios”. Los asocian con una conjura urdida para linchar mediáticamente al presidente con “insidias”, “falsedades” y “fake news”. Una postura, insinúan, para 1) ayudar a un golpe de estado en gestación, 2) ganarle a Morena en las elecciones de 2021 y, 3) revocar el mandato del presidente en el 2022.



Sintetizo demasiado los escritos elaborados por mentes entrenadas para conceptualizar y poner por escrito sus ideas. La libertad con la cual expresan opiniones divergentes, con matices de fondo y forma, confirma el respeto del presidente a la libertad de expresión.



Respeto su derecho a escribir lo que piensan, pero me permito refutar un supuesto utilizado por los indignados. Cuando hablan sobre la existencia de una conjura golpista, deberían demostrarla. Si así lo hicieran, le estarían brindando un gran servicio al país y lograrían una gran solidaridad hacia el presidente (recuerden el rechazo al intento foxista de desaforarlo).



Por otro lado, el presidente tiene razón al quejarse sobre la magnitud alcanzada por la crítica en contra suya y de sus políticas. Las motivaciones de cada columnista son diferentes. Algunos tal vez reciban línea, pero muchos otros no. En mi caso he ido poniendo distancia, porque aun cuando respaldo algunas de sus políticas, disiento, entre otras cosas, de su menosprecio a la sociedad civil y a la academia y de sus descalificaciones a la prensa. Duelen sus condenas, porque pareciera lanzarlas para construir a un enemigo al cual responsabilizar de sus errores y dificultades. Esto ha contribuido a la inquietante polarización que vivimos.



Le tengo un profundo afecto a Epigmenio Ibarra y conozco de su compromiso y honestidad. Se extralimitó al decirle a Carmen Aristegui que "el dueño de Reforma ordena a sus editorialistas atacar al presidente". Tengo 24 años escribiendo en Grupo Reforma y jamás me han tirado o insinuado línea. Tampoco me la dieron en La Jornada (1984-1996), ni en Canal 11 donde opino desde 2001 y, mucho menos, en Aristegui Noticias donde colaboro habitualmente.



En un ambiente tan cargado de ira, debemos preservar el respeto al camino elegido por cada uno de nosotros. Disentir sin agredir. Separar la opinión pública del afecto privado. ¡El respeto a la columna ajena es la paz!



@sergioaguayo



Colaboró: Mónica Gabriela Maldonado Díaz

  • Sergio Aguayo

    Sergio Aguayo

    Académico y analista. Nació en Jalisco y creció en Guadalajara. En 1971 llegó a la ciudad de México a estudiar la licenciatura en Relaciones Internacionales en El Colegio de México. Realizó la Maestría (1971), doctorado y post-doctorado (1977-1984) en la Universidad Johns Hopkins. Desde 1977 es profesor investigador del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México y tiene el Nivel III en el Sistema de Investigadores. Actualmente coordina el Seminario sobre Violencia y Paz en esa institución.